Las campanas de la medianoche habían cesado su resonar hacía escasos minutos, aunque su eco parecía persistir en cada rincón, como latido invisible de la mansión Dunbridge. Sin embargo, el silencio que se cernió sobre los muros de piedra fue m...
A los cinco años pasados de la muerte de mi madrina, recibí la noticia de que la casa de los Méndez pasaba a mi nombre. Era, sin duda, una herencia envenenada. La recordaba apenas: cobijada entre muros gruesos, siempre fría, de esos suelos que d...
Me encuentro, al momento de escribir esta confesión—si así ha de llamársele a esta última actividad de mi memoria—habitante de dos mundos: el que ocupan mis manos y la carne y el que, invisible al ojo natural, ha crecido fiereza y forma dent...
— A veces, me gusta pensar que la soledad es un animal, algo con garras y dientes y ojos profundos, esperando agazapada en las esquinas donde la luz titila. Solo que ahora, la noche no tiene esquinas. Ahora, la soledad pasó a ser el aire mismo, ...
Hay en cada barrio una casa ignorada, de ésas que no lucen grietas notables ni muestran ventanas ciegas de polvo, pero cuyo abandono resulta palpable en el aire; una mansión en miniatura demasiado sobria, un tanto desproporcionada a su modesta fin...
Las paredes en la oficina eran demasiado grises, no por su color —el clásico “blanco huevo” mantenido contra todo pronóstico—, sino porque el invierno caía con fuerza detrás de sus ventanas, haciendo que hasta las fluorescentes chorreara...
Mi llegada a la pequeña estación de Vieros, enclavada en una planicie rodeada de colinas desangeladas y bosques donde la noche parecía alojar siglos de secretos, no fue planificada. El tren, viejo y rezagado de toda prisa humana, se detuvo apenas...
Nunca había habido otra casa en la Ruta 31. Ni de niños, ni en tiempos de cosecha, ni siquiera cuando las lluvias torrenciales obligaban a todos a buscar nuevos caminos en el condado, jamás hubo otra estructura más que la desvencijada construcci...
Se dice, en estos tiempos de anhelos sin dios, que la ciencia es la nueva luz. Se adora la lógica fría y se esbozan fórmulas donde antes sólo había plegarias. Sin embargo, yo he vivido lo suficiente para atestiguar el naufragio de toda fe que n...
A Natalia la despertó el sonido agudo de la alarma del móvil, aunque estaba segura de que llevaba despierta horas. Algo en su piel le picaba, como si cada célula se hubiera rebelado durante la noche. Era la cuarta mañana consecutiva que no logra...
Las campanas resonaban como uñas rallando en la médula de la noche, colgando de la vieja iglesia baptista en Cypress Hill. La tormenta recorría los campos de algodón, desnudando los tallos, arrojando golpes contra la casucha de madera, donde cad...
Ya entrada la tarde, cuando el calor pierde toda vergüenza y el aire se espesa como jarabe, el olor a tierra mojada y madera podrida empieza a treparse por los poros de la piel. Sabine camina sola por el camino de grava que va a la casa vieja, la c...
La niebla, tan densa, parecía posarse con un propósito, envolviendo la mansión de los Valverde como un sudario húmedo. A esa hora, cuando el último carruaje debía haber abandonado la calzada de piedras, Ramiro, el restaurador de vitrales, subi...
— El edificio Barker era más hueso que piedra bajo la luz gris; no importaba si era junio, octubre o enero, el sol siempre parecía enfermo aquí. Cassie jamás lo había notado durante sus visitas, porque nadie ve la piel muerta de sus pariente...
Nadie recorre las largas avenidas de Westhollow Manor una vez que la noche cuelga sus pesados cortinajes en las ventanas y un velo de ceniza cubre el parque. Sin embargo, fue precisamente entre esas horas melancólicas, cuando los relojes callan y l...
Inventario de Sombras Residuales Las Sonrisas que Nunca Descansan Relato: Las puertas automáticas, marcadas con salpicaduras de lodo seco y anuncios desvaídos de rebajas, se abrieron ante mí con el jadeo susurrante de una boca ansiosa. Ignoré e...
Permítaseme, antes de relatar lo siguiente, advertir al lector que toda mi experiencia aquí narrada es, hasta donde me es posible saberlo, rigurosamente verídica. No arrastro, como otros escritores de mi tiempo, la vana costumbre de ornar la verd...
___ Después de la tormenta más larga del año, el lodo se volvió la nueva raíz de todo. Lo envolvía, lo tapaba, se metía por las ventanas rotas, naciendo, engordando sus límites oscuros en las vetas de la madera podrida y en las porciones ir...
Mi travesía comenzó con un sueño. No uno de esos sueños turbios que la mente regurgita cuando los sentidos se emborrachan de cansancio, sino uno nítido, tan real que aún siento dentro de mis dientes el sabor a cobre frío y ácido terror. En e...
La sentí antes de verla. Esto lo sé, lo entiendo, ahora, pero esa noche—cuando Jenny me llamó llorando y yo, pese a nuestra reciente separación, fui a su departamento—no supe ponerle nombre. Un cambio en la temperatura, sí, pero ¿cuánto d...
Las diez de la noche y la tormenta había tumbado tres postes en la carretera del canal. Darío apagaba el cigarrillo contra el guardabarros de su coche cuando vio a través de los pinos la silueta de la fábrica abandonada, la misma que, desde que e Leer más...
Para cuando la furgoneta desvencijada de Colonia Maldita detuvo su marcha en el descuidado estacionamiento del Walmart de St. Ezekiel, la luna ya estaba alta y tres de los cuatro faroles del sector sur parpadeaban de forma siniestra, mechando la noc Leer más...
Siempre había sido un hombre de rutinas, de sistemas y metodologías finamente calibradas, el tipo de persona que podía trazar una línea recta en medio de un huracán. Pero para cuando el Dr. Alonso Rivera se dio cuenta de que algo estaba podrido Leer más...
Descendí a la ciudad de las almas dormidas al mediodía, cuando el sol parece empujar todo a retirarse hacia sus propias cavernas. Era jueves, y aún no sabía – en esos tramos de luz y pesadez – que la línea entre la misericordia y la condena Leer más...
Si la noche tuviera lengua, hablaría con la voz de Elvira en la penumbra, arrastrando las sílabas como si intentara devorar la distancia que la separaba del límite de sus propios días. Porque la noche, esa noche, no era sino una losa bajo la que Leer más...
El parabrisas era solo una silueta más contra la negrura informe de la noche de medianos de marzo. Rodolfo había salido del tercer turno de la fábrica y llevaba casi cincuenta kilómetros de carretera secundaria. El sueño mordía, pero algo lo de Leer más...
A cada rincón de la ciudad, la penumbra le cuelga un disfraz específico. No es la oscuridad simple: es esa sombra espesa, con la cola infecta de mugre, que solo el centro sabe extender porque aquí el día y la noche parecen un solo y largo pasillo Leer más...
El sol de septiembre caía con un resplandor muerto sobre el pueblo de Takasawa. Las hojas de los álamos, más pálidas que verdosas, susurraban entre ellas con la brisa débil. Aun así, el calor persistía; quedaba atrapado en las viejas casas de Leer más...
Eran los días oscuros del equinoccio cuando la niebla se arraigó en las tierras de Sarralonga, un pueblo hundido en la humedad de la montaña y el olvido. Los granjeros tapaban el pozo con maderos podridos y los niños se encerraban al caer la tar Leer más...
Te despertaste con el zumbido, igual que anoche y la noche anterior. El zumbido iba metiéndose en tu nuca como una lengüecilla eléctrica, reconociendo los rincones donde la ansiedad duerme. Cuando abriste los ojos, no viste la celda que la adminis Leer más...
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