El coche serpenteaba por la carretera oscura, engullendo kilómetro tras kilómetro de bosque hasta que finalmente se vislumbró el resplandor mortecino de una casa de campo en mitad de la nada. Era una antigua construcción de tres plantas, vetusta...
En la mansión de los Cartwright, la noche había caído como un sudario. Las lámparas de gas titilaban en los corredores, reflejando sobre las paredes altas las sombras danzantes de los retratos familiares, cuyos ojos parecían seguir a toda figur...
*** Todas las noches, el mismo zumbido etéreo llenaba la habitación de Nikolai. Era un rumor que recordaba a su niñez: la televisión sin señal, el silbo blanco y encrespado de las cosas que existen entre mundos. Él lo sabía, claro —igual qu...
No sabría decir el instante preciso en que supe que algo había cambiado en la oficina, porque no fue un acontecimiento, ni una visión estridente de locura: fue una sensación que se deslizó en mi mente como el humo bajo la puerta, persistente y ...
Nada había en el mundo que pudiera prepararme para la noche en que los cimientos del universo parecieron torcerse sobre sí mismos, cuando las leyes familiares del tiempo y el espacio se disolvieron como bruma en el amanecer. Mi nombre es Emiliano ...
La niebla parecía haber decidido caer solo sobre la Avenida Sutherland esa noche, convirtiéndola en un pasillo blanquecino delimitado por lámparas mortecinas. Samuel Boile escuchaba el eco de sus propios pasos a pesar de que intentaba caminar cada...
Ni los gritos de los camiones silenciados en la madrugada ni el canto de los motores a lo lejos conseguían apagar el sonido constante, inquietante, del cuchillo. Un rasgueo lento, deliberado, casi amoroso, a través de la carne. Así comenzaba cada...
*** Mi historia no empieza en la penumbra de una celda, ni en el rugido lejano del mar, aunque termina allí. Comienza al calor de una lámpara de mesa, cuando me llegaron los documentos de la herencia de mi tío abuelo, el lúgubre y olvidado pr...
No sé si creer en las maldiciones. Pero tampoco sé cómo explicar lo que sucedió con la caja verde de terciopelo, la que heredé de mi tía abuela Martha a finales de aquel noviembre en el que el frío parecía haber puesto su firma en cada pared...
Cuando me llamaron de la residencia, la voz al otro lado del teléfono tenía la aspereza de una tormenta contenida. “Señorita Méndez, tenemos… un problema con su abuelo”. El viejo Andrés Méndez llevaba casi veinte años alojado en la desv...
No recuerdo el momento exacto en que el aullido empezó a visitarme cada noche. Hay quienes dicen que la locura es una lenta destilación, un veneno que se filtra gota a gota en la sangre hasta que la mente se resquebraja. Otros aseguran que llega d...
--- Un zumbido. Un simple zumbido bajo las luces frías de la sala de servidores. A veces –cuando las jornadas se encadenaban durante semanas y el insomnio apretaba el pecho de los ingenieros– el zumbido adquiría matices. Se volvía humano. Er...
Eso fue lo último que le dijeron. “Sábanas sucias.” Un hombre gordo, con el cabello cortado al ras y una sonrisa de dientes torcidos, le escupió las dos palabras justo antes de que cruzara por la puerta de la Residencia. Detrás, las risas de...
La carretera era poco más que un atajo mal trazado entre campos polvorientos y el monte. Jacinto, conductor de una furgoneta desvencijada, mantenía los ojos fijos en los baches y en el último trazo de luz crepuscular que caía sobre los sembrados...
El viento rezaba letanías contra las ventanas antiguas de la casa de los Rochefort. Era una noche de mayo y sin embargo el frío que se colaba por las rendijas tenía la salmuera de los inviernos malditos. La matriarca, Cecile Rochefort, no dormía...
Él preguntó: “¿Sabes cómo murieron todos aquí?” y, en la pantalla, el chat respondió con una hilera de emojis de calaveras. Jorge no era supersticioso. Programador y urbanista, acostumbrado a los sótanos iluminados por fluorescentes y a ...
Tenía la costumbre de regresar a casa tarde, cuando la ciudad se desangraba en los charcos de las farolas y el asfalto exhalaba una niebla insana. Mi apartamento era una trinchera sórdida en un edificio vetusto de la calle Lámpara, un nombre iró...
Como acostumbra la luna a terciar entre las copas del parque, la mansión de los Hérvaux parecía más una isla embrujada que una construcción humana. Eran las once de la noche cuando Élise traspasó el umbral con la intención de no volver a mir...
Soy escritor. ¿Resultado de la voluntad o víctima de una obsesión? No sabría decirlo en la recámara viscosamente oscura de esta noche, mientras repito mi rutina maníaca de registrar cada sintomatología de la mente humana. El acto de volcar pa...
Había una grieta, delgada como la huella de una aguja, apenas visible en la pared del pasillo. Ingrid la había notado la primera semana en la casa, mientras colgaba un cuadro para disfrazar el horrible empapelado. No le dio importancia: la casa er...
Las diez de la noche y la tormenta había tumbado tres postes en la carretera del canal. Darío apagaba el cigarrillo contra el guardabarros de su coche cuando vio a través de los pinos la silueta de la fábrica abandonada, la misma que, desde que e Leer más...
Para cuando la furgoneta desvencijada de Colonia Maldita detuvo su marcha en el descuidado estacionamiento del Walmart de St. Ezekiel, la luna ya estaba alta y tres de los cuatro faroles del sector sur parpadeaban de forma siniestra, mechando la noc Leer más...
Siempre había sido un hombre de rutinas, de sistemas y metodologías finamente calibradas, el tipo de persona que podía trazar una línea recta en medio de un huracán. Pero para cuando el Dr. Alonso Rivera se dio cuenta de que algo estaba podrido Leer más...
Descendí a la ciudad de las almas dormidas al mediodía, cuando el sol parece empujar todo a retirarse hacia sus propias cavernas. Era jueves, y aún no sabía – en esos tramos de luz y pesadez – que la línea entre la misericordia y la condena Leer más...
Si la noche tuviera lengua, hablaría con la voz de Elvira en la penumbra, arrastrando las sílabas como si intentara devorar la distancia que la separaba del límite de sus propios días. Porque la noche, esa noche, no era sino una losa bajo la que Leer más...
El parabrisas era solo una silueta más contra la negrura informe de la noche de medianos de marzo. Rodolfo había salido del tercer turno de la fábrica y llevaba casi cincuenta kilómetros de carretera secundaria. El sueño mordía, pero algo lo de Leer más...
A cada rincón de la ciudad, la penumbra le cuelga un disfraz específico. No es la oscuridad simple: es esa sombra espesa, con la cola infecta de mugre, que solo el centro sabe extender porque aquí el día y la noche parecen un solo y largo pasillo Leer más...
El sol de septiembre caía con un resplandor muerto sobre el pueblo de Takasawa. Las hojas de los álamos, más pálidas que verdosas, susurraban entre ellas con la brisa débil. Aun así, el calor persistía; quedaba atrapado en las viejas casas de Leer más...
Eran los días oscuros del equinoccio cuando la niebla se arraigó en las tierras de Sarralonga, un pueblo hundido en la humedad de la montaña y el olvido. Los granjeros tapaban el pozo con maderos podridos y los niños se encerraban al caer la tar Leer más...
Te despertaste con el zumbido, igual que anoche y la noche anterior. El zumbido iba metiéndose en tu nuca como una lengüecilla eléctrica, reconociendo los rincones donde la ansiedad duerme. Cuando abriste los ojos, no viste la celda que la adminis Leer más...
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