El frÃo madrugador de la ciudad hacÃa vibrar el volante bajo las manos de Tomás. Llevaba casi siete horas al volante, pero su vieja Corolla, encaramada al borde de la obsolescencia y los nuevos estándares de radiotaxis, lo necesitaba tanto como Ã...
En la radio de la patrulla, la voz del operador crepitó a través del estático, cortando el silencio sofocante de la madrugada. “Unidad 67, acuda al 1285 de la Avenida Crane, posible intruso, propietario ausente. Precaución: llamada anónima, s...
Nunca quise ser recepcionista nocturno del Hotel AlhÃdrico, pero los trabajos se escasean en primavera en Kanazawa, y cuando la agencia me llamó, acepté sin preguntar. El dueño, un hombre bajo muy anciano de camisa almidonada, se limitó a desli...
Desde la primera vez que las nieblas se alzaron sobre el lago Gris, supe que algo era distinto. Mi nombre es Warren Lynd, y aunque mi labor como topógrafo me ha llevado por parajes extraños y aun peligrosos, nunca habrÃa sospechado que aquel brev...
Mi abuelo murió tres veces. La primera, cuando el fémur escupió astillas al caer de la escalera que lleva al desván. La segunda, cuando los tubos le robaron el aliento en la UCI. Y la última, mucho después de que lo enterráramos bajo la enci...
Halloween nunca habÃa sido una fiesta relevante en Dunbridge, Massachusetts. En la ciudad vieja, de piedras musgosas, árboles retorcidos y un silencio tan denso como la neblina del puerto cercano, lo más aterrador en la fecha era el vaho que salÃ...
En el profundo y antiestético corazón de la ciudad de Londres, donde los arcos del tiempo crujen bajo el peso de una historia innombrable, existÃa un museo cuyo propietario, el señor Snaith, era célebre por su gusto por lo macabro y su carencia...
Cuando Beatriz Ferrer recibió el mensaje directo, al principio pensó que era una broma, quizás un intento torpe de promoción. Pero la cuenta no tenÃa foto ni publicaciones, sólo un nombre inquietante: Nyarlathotep_Lucidez, y una frase en la bi...
Yo, Nathaniel Crowthorne, escribo estas palabras no para que sean leÃdas, sino para que sean encontradas después de mi desaparición inevitable. Hay, en la soledad de quien observa más allá del velo, una desesperanza que corrompe incluso la memo...
El frÃo de la noche lo mordÃa aunque era verano. Nadie, ni siquiera los viejos que en otro tiempo faenaron junto a las piedras negras del puerto, se atrevÃa a caminar tan tarde por la costa de Dunwarren. Eran poco más de las dos de la madrugada ...
*** Mi historia no empieza en la penumbra de una celda, ni en el rugido lejano del mar, aunque termina allÃ. Comienza al calor de una lámpara de mesa, cuando me llegaron los documentos de la herencia de mi tÃo abuelo, el lúgubre y olvidado pr...
La lluvia caÃa callada, como quien se desliza entre las páginas de un grimorio olvidado, rozando los cristales polvorientos del sanatorio de Adramis con un compás sin vida. Los cipreses del jardÃn, oscuros y vetustos, se agolpaban en la penumbra...
Descendà a la ciudad de las almas dormidas al mediodÃa, cuando el sol parece empujar todo a retirarse hacia sus propias cavernas. Era jueves, y aún no sabÃa – en esos tramos de luz y pesadez – que la lÃnea entre la misericordia y la condena Leer más...
Descendà a la ciudad de las almas dormidas al mediodÃa, cuando el sol parece empujar todo a retirarse hacia sus propias cavernas. Era jueves, y aún no sabÃa – en esos tramos de luz y pesadez – que la lÃnea entre la misericordia y la condena Leer más...
El reloj marcaba las 2:32 cuando Haruki descendió las últimas escaleras del metro, dejando atrás el zumbido escaso de la ciudad en una noche asfixiada de junio. La humedad era como un manto maligno, pegajoso. Solo un guardia de seguridad dormÃa e Leer más...
«Las anomalÃas cientÃficas aparecen cuando su búsqueda deja de ser por meros datos y se transforma en un anhelo, un deseo compulsivo de comprensión», solÃa decir el doctor Kenji Shimizu a quien quisiera oÃrlo. Sus colegas del Instituto Nacion Leer más...
HabÃa algo indescriptible en ese descenso al submundo. Cada noche, al abandonar la rutina despiadada de su oficina, Hajime doblaba la última esquina y emprendÃa el corto trayecto hacia la boca del metro Shin-Yoyogi, aunque en su mente ese trayecto Leer más...
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