La llamada vino a las dos y treinta y tres de la madrugada. Nora lo recordarÃa como una cifra inevitablemente terrible, pues la luz de la pantalla de su teléfono —casi verde, casi fúnebre en la oscuridad de su dormitorio— fue lo primero que b...
En el profundo y antiestético corazón de la ciudad de Londres, donde los arcos del tiempo crujen bajo el peso de una historia innombrable, existÃa un museo cuyo propietario, el señor Snaith, era célebre por su gusto por lo macabro y su carencia...
Cuando Beatriz Ferrer recibió el mensaje directo, al principio pensó que era una broma, quizás un intento torpe de promoción. Pero la cuenta no tenÃa foto ni publicaciones, sólo un nombre inquietante: Nyarlathotep_Lucidez, y una frase en la bi...
El olor del moho flotaba como una bruma densa en los corredores bajos de la casa. Mi padre solÃa decir que los olores son recuerdos esperando su momento para clavarse en el pecho; ahora, mientras descendÃa los peldaños carcomidos hacia el sótano...
El hombre vestido de rojo avergonzaba al crepúsculo cuando caminaba. El rojo era su obsesión y su signo: guantes de cuero, botas brillantes, chaqueta pesada, pantalones pitillo que destellaban como una herida. El casero del hostal pensó, a primer...
Estaba seguro de que nadie lo seguÃa. Asà lo sentÃa, aunque la conciencia sea una sombra larga que siempre nos besa los talones, y el recuerdo, esa otra condena, nos sobreviva mucho después de que creamos haber escapado. Aquella mansión ruinosa...
A menudo, las noches en Cástulo rezuman una neblina tan espesa que el mundo parece reducirse a poco más que el aliento tibio en la distancia y el crujir de gravilla bajo los pasos. En la periferia del pueblo, detrás del polvoriento trabajo rutina...
No puedo precisar si el horror de mi experiencia comenzó antes de aquel amanecer nebuloso al que me refiero, o si mi espÃritu ya llevaba tiempo titilando en la penumbra, como un insecto arrastrándose por la superficie de un estanque turbio. Me ll...
— La primera vez que arrastraron a alguien a mi sótano, yo tenÃa el corazón todavÃa intacto. Lo recuerdo porque aún me dolÃa pulsar en el pecho, aún sentÃa lo que los demás sentÃan en ese frÃo lugar al que nadie enmienda jamás: ni la...
El último tren a Gapsville pasaba cada noche a las once y diecisiete, aunque nadie en el pueblo recordaba haberlo visto. No era para menos: la vieja estación, una estructura que el moho confundÃa con la tierra misma y donde el tiempo parecÃa hab...
--- A veces, John sentÃa que su vida estaba hecha de contraseñas: infinitas combinaciones de letras, números y sÃmbolos que lo protegÃan, lo aislaban y, en definitiva, lo iban encerrando dentro de un cÃrculo cada vez más estrecho. Pero la no...
No podrÃa decir exactamente cuándo comenzó el terror en mi casa, pero puedo asegurar que no fue con relámpagos ni con gritos intempestivos, sino con el sonido más amable del mundo: el arrullo de una madre a su hijo antes de dormir. Si es que es...
La sala era más pequeña de lo que parecÃa en las fotos de la página de la agencia, pero eso era lo de menos. A Beatriz le temblaban los dedos al sacar la llave de la cartera, oyendo a su madre hablarle como un eco, “nunca dejes que vean que ti...
No existe explicación racional, pero algo se activó dentro de mà en ese instante preciso, entre el zumbido vascular que me acompaña desde mi niñez y el silbido distante de un tranvÃa. Soy consciente de que es inusual iniciar un relato presenta...
Cuando Marta llegó a la antigua casa de sus padres, no lo hizo por nostalgia ni por deber. A decir verdad, no tenÃa claro por qué aceptó aquella petición. Su madre le habÃa telefoneado semanas atrás, susurrando el pedido como si temiera que l...
Se encendió la luz de la habitación como si el interruptor hubiera sido pulsado por alguien invisible. Diana sintió el parpadeo inquieto de la lámpara, aunque recordaba perfectamente que la habÃa apagado antes de irse a acostar. El sueño, visc...
La primera vez que lo vieron fue en el reflejo deformado de los cristales rotos de la vieja tienda de licores. Nadie sabe a quién pertenecÃa esa figura entre charcos de sombra y el hilo de sangre que parecÃa brotar de la oscuridad, sólo que, par...
El aire de la noche era espeso, casi tangible, y olÃa a madera húmeda y alcohol barato. Los focos se encendieron uno tras otro, haciendo que las sombras danzaran por todas partes, nerviosas y expectantes como el equipo técnico tras la llegada del...
CapÃtulo 6: Siempre vuelve la niebla El sol despuntaba en Valley Creek como si no conociera el peso de sus propias tierras. La niebla, aunque retraÃda, salpicaba aún de jirones las callejuelas, colándose en portales y bajos de casas donde el frÃ...
HabÃan llamado al Uber a la una y veinte de la madrugada, porque era la única manera de salir vivos de la fiesta de Leah en esa maldita casa de la colina, aquella que todos llamaban "La Stoker", como si reÃrse del apellido de un escritor pudiera ...
Las diez de la noche y la tormenta habÃa tumbado tres postes en la carretera del canal. DarÃo apagaba el cigarrillo contra el guardabarros de su coche cuando vio a través de los pinos la silueta de la fábrica abandonada, la misma que, desde que e Leer más...
Para cuando la furgoneta desvencijada de Colonia Maldita detuvo su marcha en el descuidado estacionamiento del Walmart de St. Ezekiel, la luna ya estaba alta y tres de los cuatro faroles del sector sur parpadeaban de forma siniestra, mechando la noc Leer más...
Siempre habÃa sido un hombre de rutinas, de sistemas y metodologÃas finamente calibradas, el tipo de persona que podÃa trazar una lÃnea recta en medio de un huracán. Pero para cuando el Dr. Alonso Rivera se dio cuenta de que algo estaba podrido Leer más...
Descendà a la ciudad de las almas dormidas al mediodÃa, cuando el sol parece empujar todo a retirarse hacia sus propias cavernas. Era jueves, y aún no sabÃa – en esos tramos de luz y pesadez – que la lÃnea entre la misericordia y la condena Leer más...
Si la noche tuviera lengua, hablarÃa con la voz de Elvira en la penumbra, arrastrando las sÃlabas como si intentara devorar la distancia que la separaba del lÃmite de sus propios dÃas. Porque la noche, esa noche, no era sino una losa bajo la que Leer más...
El parabrisas era solo una silueta más contra la negrura informe de la noche de medianos de marzo. Rodolfo habÃa salido del tercer turno de la fábrica y llevaba casi cincuenta kilómetros de carretera secundaria. El sueño mordÃa, pero algo lo de Leer más...
A cada rincón de la ciudad, la penumbra le cuelga un disfraz especÃfico. No es la oscuridad simple: es esa sombra espesa, con la cola infecta de mugre, que solo el centro sabe extender porque aquà el dÃa y la noche parecen un solo y largo pasillo Leer más...
El sol de septiembre caÃa con un resplandor muerto sobre el pueblo de Takasawa. Las hojas de los álamos, más pálidas que verdosas, susurraban entre ellas con la brisa débil. Aun asÃ, el calor persistÃa; quedaba atrapado en las viejas casas de Leer más...
Eran los dÃas oscuros del equinoccio cuando la niebla se arraigó en las tierras de Sarralonga, un pueblo hundido en la humedad de la montaña y el olvido. Los granjeros tapaban el pozo con maderos podridos y los niños se encerraban al caer la tar Leer más...
Te despertaste con el zumbido, igual que anoche y la noche anterior. El zumbido iba metiéndose en tu nuca como una lengüecilla eléctrica, reconociendo los rincones donde la ansiedad duerme. Cuando abriste los ojos, no viste la celda que la adminis Leer más...
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