Nada hay tan horroroso como disfrutar de la cordura, respirar su aroma a costumbre mansa, caminar de su mano por los senderos de la vida y, de pronto, cómo un relámpago funesto, sentir su ausencia. Entonces, cuando uno se ve arrojado al abismo sie...
--- No recordaba realmente el nombre del tipo que le vendió el espejo. Ni la urgencia con que lo sacaron de la casa donde lo encontró, ni los detalles de la abuela que lo había poseído antes de... algo. No era importante. El espejo, aún envuel...
Confieso, caballero, que las líneas que trazo a la luz de este pobre candil no están exentas de la temblorosa inseguridad de quien no sabe ya a cuál de sus recuerdos poner fe. Desde hace mucho tiempo, he sentido desmoronarse los cimientos de mi p...
Capítulo 3: Ecos entre los árboles La niebla que envolvía Valley Creek se había tragado ya la última silueta de la mansión Blackwell cuando Jenna, Barrett, Zoe, Marcus, Emily y Ryan se asomaron al jardín salvaje. El aire estaba impregnado del...
Tuvo que suceder una medianoche, porque nunca ocurre nada bueno cuando los relojes atraviesan la frontera entre el día y la nada. Esa noche, Camila regresó más tarde de lo que habría querido, pisando la acera agrietada de la Calle de la Sombra. ...
He aquí entonces la narración referida a oídos insomnes y plumas escépticas: La historia precisa de cómo la razón se acorraló en recintos de hierro y las glorietas vacías del espíritu cedieron ante la fría maquinaria que decreta el fin de ...
La primera vez que desperté dentro de un mismo día dos veces, fue en medio de la quietud punzante de mi dormitorio, con el sabor metálico de la sangre en la boca y mi reflejo parpadeando como una sombra detrás de mis párpados pesados. El reloj ...
El pasillo estaba iluminado con una luz azulada, casi quirúrgica. Se colaba en surcos verticales a través de paneles sellados, como si sólo pudieran transmitir claridad a través de minúsculas heridas. El edificio, históricamente una planta de ...
I No hace frío en el pasillo pero las luces de neón escupen claridades escasas, inciertas, que tiñen los rostros de la fila de una palidez mórbida, un temblor ululante casi indistinguible de la agonía. Es lunes, o al menos eso sugiere el encor...
El primer día que fui al comedor social, mentí dos veces. A la voluntaria le dije que había perdido mi trabajo hacía apenas un mes, que esto era una mala racha, que pronto saldría de aquí. Ya sé que no se lo creyó, cómo se lo iba a creer si...
Desde hace tiempo, algo innombrable se esconde entre los surcos resecos de los maizales de Roque Mera. No apareció de golpe, como una herida abierta en la tierra, ni bajó con estrépito como tormenta, sino que creció lenta y subrepticiamente, com...
Capítulo 2: La máscara del cazador Durante años, la leyenda de la mansión Blackwell había sido una sombra persistente entre los habitantes de Valley Creek, pero pocas noches se habían sentido tan densas, tan pesadas, como la que seguía al mac...
Aquí, en el norte de Maine, al borde de los bosques que se encrespan como olas heladas, hay campos que nadie recuerda, ni siquiera en las postales desvaídas de la tienda de Winters. Entre el pueblo y el olvido, persiste un caserón traicionero. Su...
I Nunca vi nada comparable a la Capilla de San Arturio; y hasta hoy, casi cuatro décadas después, el mero recuerdo de sus muros tiznados es suficiente para helarme la sangre con una de esas náuseas de presagio funesto, lo cual ya sería suficien...
----- El viento soplaba con violencia aquella tarde en Nueva Inglaterra, golpeando las vidrieras de la parroquia de San Mateo; un edificio gótico que, a pesar del paso de los siglos, había resistido el vaivén de las modas y el deterioro propio d...
Capítulo 1: Niebla en Valley Creek La niebla siempre caía espesa sobre Valley Creek en octubre, pero aquella noche era diferente; lo sentía cada habitante del pueblo. El aire estaba denso como si los secretos mismos palpitaban entre las brumas, v...
--- El mejor terror no conoce otra morada más que la mente: la imaginación, envalentonada por el zumbido de lo desconocido y alimentada por el aullido de lo indescriptible. Sin embargo, hay noches en las que lo fantasmal y lo real se entrecruzan ...
Empezó con una nota en el refrigerador. Un post-it amarillo chillón, escrito con la caligrafía angulosa de Pilar, su esposa. "Saca la basura antes de irte, por favor. Xoxo". Samael lo miró mientras mascullaba por la prisa. Si ese pedazo de papel ...
Ciertamente, noble lector, he escrito mucho sobre las cosas extrañas que rodean nuestra existencia, pero ninguna confidencia anterior puede compararse a esta siguiente, que remueve en mi ánimo la ceniza de terrores antiguos y saca a la luz ascuas ...
Cuando me encontré con Rhys por primera vez, encendí un cigarrillo en el vestíbulo del hospital, sabiendo perfectamente que estaba en una zona de no fumadores. Sus manos, tan pequeñas para un hombre de su estatura, temblaban levemente mientras j...
Las diez de la noche y la tormenta había tumbado tres postes en la carretera del canal. Darío apagaba el cigarrillo contra el guardabarros de su coche cuando vio a través de los pinos la silueta de la fábrica abandonada, la misma que, desde que e Leer más...
Para cuando la furgoneta desvencijada de Colonia Maldita detuvo su marcha en el descuidado estacionamiento del Walmart de St. Ezekiel, la luna ya estaba alta y tres de los cuatro faroles del sector sur parpadeaban de forma siniestra, mechando la noc Leer más...
Siempre había sido un hombre de rutinas, de sistemas y metodologías finamente calibradas, el tipo de persona que podía trazar una línea recta en medio de un huracán. Pero para cuando el Dr. Alonso Rivera se dio cuenta de que algo estaba podrido Leer más...
Descendí a la ciudad de las almas dormidas al mediodía, cuando el sol parece empujar todo a retirarse hacia sus propias cavernas. Era jueves, y aún no sabía – en esos tramos de luz y pesadez – que la línea entre la misericordia y la condena Leer más...
Si la noche tuviera lengua, hablaría con la voz de Elvira en la penumbra, arrastrando las sílabas como si intentara devorar la distancia que la separaba del límite de sus propios días. Porque la noche, esa noche, no era sino una losa bajo la que Leer más...
El parabrisas era solo una silueta más contra la negrura informe de la noche de medianos de marzo. Rodolfo había salido del tercer turno de la fábrica y llevaba casi cincuenta kilómetros de carretera secundaria. El sueño mordía, pero algo lo de Leer más...
A cada rincón de la ciudad, la penumbra le cuelga un disfraz específico. No es la oscuridad simple: es esa sombra espesa, con la cola infecta de mugre, que solo el centro sabe extender porque aquí el día y la noche parecen un solo y largo pasillo Leer más...
El sol de septiembre caía con un resplandor muerto sobre el pueblo de Takasawa. Las hojas de los álamos, más pálidas que verdosas, susurraban entre ellas con la brisa débil. Aun así, el calor persistía; quedaba atrapado en las viejas casas de Leer más...
Eran los días oscuros del equinoccio cuando la niebla se arraigó en las tierras de Sarralonga, un pueblo hundido en la humedad de la montaña y el olvido. Los granjeros tapaban el pozo con maderos podridos y los niños se encerraban al caer la tar Leer más...
Te despertaste con el zumbido, igual que anoche y la noche anterior. El zumbido iba metiéndose en tu nuca como una lengüecilla eléctrica, reconociendo los rincones donde la ansiedad duerme. Cuando abriste los ojos, no viste la celda que la adminis Leer más...
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