En el extremo norte de la antigua Castilla, donde las colinas heladas parecían silbar lamentos durante las noches largas de invierno, se erguía lo que quedaba del Monasterio de San Vegilio. No era más que un conjunto de ruinas atrapadas en el tiem...
Las campanas de la iglesia resonaban cada día al alba en el pueblo de Derevnóm, como si espantara la niebla antes que los rayos del sol. Bajo sus techos de madera podrida y paredes cubiertas de musgo, nadie podía dormir tranquilo al escuchar el to...
Me llamo Ismael Contreras y, aunque en mi historial de vida figuro como antropólogo retirado, sé que en el fondo siempre he sido doblemente aquello que todos detesto: curioso e iluso. Mi doctorado lo corroboran diplomas polvorientos y los recuerdo...
I
Hay cierta quietud en las iglesias desiertas que nunca me inspira paz. La muerte, disfrazada de devoción, descansa en bancos carcomidos, susurra en las baldosas y se suspende como incienso en el aire pesado que huele a cera muerta. Yo supe esto ...
13 de abril, 1989
Papá otra vez no fue a la iglesia el domingo. Mamá dijo que no debíamos preguntarle nada. Es esa época extraña otra vez, la de las lágrimas en el desayuno y el olor a vinagre caliente por toda la casa. Pero encontré la caja...
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El padre Roque llegaba con la sotana enlutada por el polvo del camino, ocultando en su impavidez la sospecha de que jamás debió responder a la carta. Había partidos antes del alba, poseído por la inquietud, siguiendo la indicación con el n...
I
Nunca vi nada comparable a la Capilla de San Arturio; y hasta hoy, casi cuatro décadas después, el mero recuerdo de sus muros tiznados es suficiente para helarme la sangre con una de esas náuseas de presagio funesto, lo cual ya sería suficien...
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El viento soplaba con violencia aquella tarde en Nueva Inglaterra, golpeando las vidrieras de la parroquia de San Mateo; un edificio gótico que, a pesar del paso de los siglos, había resistido el vaivén de las modas y el deterioro propio d...
El viento rezaba letanías contra las ventanas antiguas de la casa de los Rochefort. Era una noche de mayo y sin embargo el frío que se colaba por las rendijas tenía la salmuera de los inviernos malditos. La matriarca, Cecile Rochefort, no dormía...
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Quién, si no es un infeliz derrotado por el tiempo, se atrevería a regresar después de la medianoche al convento de San Jerónimo, ese cuerpo de piedra negra plantado en la colina como una ruina voluntariamente olvidada por su creador. Pero ...
La primera vez que la vio, oculta bajo una funda de terciopelo burdeos en el fondo del desván de la anciana tía Maud, Sarah supo que era algo especial. No hermoso, ni valioso, ni siquiera particularmente antiguo: especial. Había llegado demasiado Leer más...
Hay una manera en que la muerte se arrastra, como musgo, por los limones podridos de la comarca. No es la peste. No es el hambre de costumbre. Algo en el aire cambia cuando la luna se pone a mirar, gorda, desbordada de un rojo impensable, y el viento Leer más...
A la cantera de los Lores nos llevaban los recuerdos para matarnos. O eso decía Ureña cuando el licor humeaba al fondo de las jarras y la garganta pedía otra ronda para quitarse la arenilla del olvido. Recuerdo aquella madrugada porque tenía las Leer más...
La primera vez que la vio, oculta bajo una funda de terciopelo burdeos en el fondo del desván de la anciana tía Maud, Sarah supo que era algo especial. No hermoso, ni valioso, ni siquiera particularmente antiguo: especial. Había llegado demasiado Leer más...