Hay lugares en el mundo donde incluso la memoria de los hombres se desvanece y la misma tierra parece querer erradicar toda huella de su existencia. Lugares que parecen sigilosos para la razón, como si el tiempo se hubiese detenido por respeto al h...
*** Hay algo en el insomnio que convierte la realidad en una versión distorsionada de sí misma, como si miraras a través de una ventana que alguien ha empañado con aliento muerto. La primera noche sin dormir, sólo sentía cansancio, como si mi...
Había llegado la noche en que el doctor Emmanuel Breton consideró que por fin, tras meses de notaciones manchadas y fluidos iridiscentes, el experimento podía llamarse hijo antes que aborto. La vida surgida en el laboratorio bajo la casa, custodi...
El rumor comenzó como comienza todo en Aquilea: filtrándose entre las rendijas de las paredes húmedas y el murmullo constante de los tubos que nunca han sido inspeccionados. Nadie aquí recuerda exactamente cuándo se construyó la estación, si ...
Una vez, en la ya vergonzosamente lejana juventud de mi experiencia, me descubrí confinado en los callejones y encierros de una ciudad que, aun sin nombre aquí, dormía sobre su propio misterio como la tarántula en el hueco de un muro preñado de...
El hedor del sótano lleva meses royendo los cimientos de mi apartamento en Marrow Street. Me es imposible ignorarlo, pese a los desesperados intentos que hago cada noche por sellar las juntas con masilla, empaparlas en detergente o tapar el respira...
Como cada tarde, el sol se retiraba con desgana entre las colinas despobladas, cediendo el cielo a una manta de nubes cuajadas de sueño y una incipiente negrura. En mitad de ese paisaje marchito, la Casa Almeida yacía como un monstruo varado de la...
El 38 de la calle Durham nunca fue presentado como “la casa de tus sueños”. Ni por el agente inmobiliario ni por los vecinos que bajaban la mirada cuando la pasabas de largo. Era solo “el 38”: ni tan vieja como para ser victoriana ni tan nu...
*** En el corazón de un bosque marchito, donde las ramas parecían agitarse aun sin viento, había una colina escarpada y una casa tan antigua que su madera crujía con el horror de las eras. Relámpagos le revolvían el tejado a menudo, como si e...
Me llamo Emilia, y la casa que heredé de mi tía abuela Gloria está en la calle Juan Escutia, en el barrio más viejo de la ciudad. Es una casa de piedra, techos de tejas rotas, húmeda y torcida como si, de tanto aguantarse los secretos, hubiese i...
* * * Hay noches en las que las leyendas se deslizan como sombras entre los árboles de la Sierra Nevada, donde el viento azota los troncos con furia y la niebla cubre la tierra como un sudario. Era una de esas noches; las ramas de los pinos, retor...
No es mi intención juzgar, ni tampoco defender lo que voy a referir. Quizá nadie reclame esa gracia previa al horror: la justificación, el motivo, el contexto. A quien sólo ansía asomarse al abismo del mal le basta la relación desnuda y fiel, ...
Puede que la noche, antes de perder el sentido común, murmurase secretos a su vera. Puede que la brisa cálida y cargada de promesas engañosas recorriera la piel como si presagiara un desenlace feliz. Jillian nunca vio señales de peligro, ni al l...
--- Toda familia tiene un secreto. Si escarbas con la uña en la madera del cajón de los recuerdos, cae polvillo de secretos, a veces amargo, a veces dulzón: cartas escondidas, sonrisas congeladas en fotos sepias, palabras que nunca se pronuncian...
Esa noche interminable comenzó con un corte abrupto en la señal. No lo noté al principio, como nadie, porque la ausencia de internet ya era rutina: pequeñas fallas, caídas, reseteos perpetuos que algunos decían ocurrían por la sobrecarga de d...
En la esquina más oscura de la noche, donde los muebles de la mente forman pesadillas y la niebla se arrastra pegajosa por las grietas del alma, se encontraba James Wilkins, sentado en el silencio absoluto de la casa de su infancia. Hacía nueve me...
En el último piso del número 34, la familia Larraín había cultivado durante años una discreta simetría. El padre, Gregorio, salía cada amanecer y regresaba puntualmente tras anochecer. Su esposa, Teresa, mantenía la casa limpia y abrigada, m...
Sí, puedo contártelo, aunque dudo mucho que alguien lo quiera oír… y menos aún, creer. ¿Por qué creí yo? Esos fragmentos se me han pegado al alma, como esquirlas diminutas clavadas bajo la piel. Y como un reflejo imposible de evitar, cada v...
Fue después de la tormenta cuando el pueblo de Oakridge se encharcó en ese silencio sordo, espeso. La clase de silencio que se siente más cerca al caer la noche, esa quietud agazapada que uno no percibe hasta que el último coro de grillos es tra...
No hay mayor ironía que escribir tu propia muerte. Si nos fiamos de la intuición —ese sangriento y cálido escalofrío en la columna vertebral cuando algo en el mundo cambia de estación—, nadie preferiría que un monstruo enmascarado se le ac...
Las diez de la noche y la tormenta había tumbado tres postes en la carretera del canal. Darío apagaba el cigarrillo contra el guardabarros de su coche cuando vio a través de los pinos la silueta de la fábrica abandonada, la misma que, desde que e Leer más...
Para cuando la furgoneta desvencijada de Colonia Maldita detuvo su marcha en el descuidado estacionamiento del Walmart de St. Ezekiel, la luna ya estaba alta y tres de los cuatro faroles del sector sur parpadeaban de forma siniestra, mechando la noc Leer más...
Siempre había sido un hombre de rutinas, de sistemas y metodologías finamente calibradas, el tipo de persona que podía trazar una línea recta en medio de un huracán. Pero para cuando el Dr. Alonso Rivera se dio cuenta de que algo estaba podrido Leer más...
Descendí a la ciudad de las almas dormidas al mediodía, cuando el sol parece empujar todo a retirarse hacia sus propias cavernas. Era jueves, y aún no sabía – en esos tramos de luz y pesadez – que la línea entre la misericordia y la condena Leer más...
Si la noche tuviera lengua, hablaría con la voz de Elvira en la penumbra, arrastrando las sílabas como si intentara devorar la distancia que la separaba del límite de sus propios días. Porque la noche, esa noche, no era sino una losa bajo la que Leer más...
El parabrisas era solo una silueta más contra la negrura informe de la noche de medianos de marzo. Rodolfo había salido del tercer turno de la fábrica y llevaba casi cincuenta kilómetros de carretera secundaria. El sueño mordía, pero algo lo de Leer más...
A cada rincón de la ciudad, la penumbra le cuelga un disfraz específico. No es la oscuridad simple: es esa sombra espesa, con la cola infecta de mugre, que solo el centro sabe extender porque aquí el día y la noche parecen un solo y largo pasillo Leer más...
El sol de septiembre caía con un resplandor muerto sobre el pueblo de Takasawa. Las hojas de los álamos, más pálidas que verdosas, susurraban entre ellas con la brisa débil. Aun así, el calor persistía; quedaba atrapado en las viejas casas de Leer más...
Eran los días oscuros del equinoccio cuando la niebla se arraigó en las tierras de Sarralonga, un pueblo hundido en la humedad de la montaña y el olvido. Los granjeros tapaban el pozo con maderos podridos y los niños se encerraban al caer la tar Leer más...
Te despertaste con el zumbido, igual que anoche y la noche anterior. El zumbido iba metiéndose en tu nuca como una lengüecilla eléctrica, reconociendo los rincones donde la ansiedad duerme. Cuando abriste los ojos, no viste la celda que la adminis Leer más...
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