La tarde en que Edward Milstram se sentó de nuevo junto a la ventana, la lluvia era como una multitud invisible de dedos golpeando la fachada. Había aprendido hace mucho a no mirar demasiado tiempo a través de los cristales de esa maldita casa. Y ...
Atravesar aquel umbral nunca me costó. La rutina es enemiga del miedo, creía, y después de tantos días regresando tarde a casa, los pasillos del edificio viejo en que vivía ya no tenían secretos para mí. La gotera permanente en la escalera del...
Tengo que advertirte: la casa en la que viví durante seis años existe, aunque sus líneas ya no se distingan en este mundo. Es un bosque de piedra y madera que me dejó cicatrices, y aunque dudé mucho en escribir sobre lo que sucedió, la noche q...
Era la medianoche cuando Natsuki comenzó a sentir que la oscuridad detrás de los ventanales era más espesa que nunca, como si algún frío animal acechara fuera, presionando contra el cristal del piso catorce. Las luces del edificio, parpadeantes...
***
Demasiados viajeros fatigados han buscado descanso bajo el tejado de La Casa de Rotherham a lo largo de los años. El edificio, una mansión de tres pisos reconvertida en hotel hace décadas, recostada como una fiera dormida al extremo del pueb...
La radio apenas tenía cobertura. Un murmullo intermitente ondeaba entre frecuencias muertas, y a pesar de todo, Víctor no se atrevía a apagarla del todo. Era una compañía dudosa, pero en la vacía autovía las voces distorsionadas parecían pro...
—
Me llamo Eric Herzfeld y no tengo por costumbre escribir relatos; sin embargo, a estas alturas, admito que no me quedan mejores métodos para apoyar mi propia salud mental. La psique de un hombre es fácilmente trastornada, y late en mí la sos...
Nada hay tan horroroso como disfrutar de la cordura, respirar su aroma a costumbre mansa, caminar de su mano por los senderos de la vida y, de pronto, cómo un relámpago funesto, sentir su ausencia. Entonces, cuando uno se ve arrojado al abismo sie...
Tuvo que suceder una medianoche, porque nunca ocurre nada bueno cuando los relojes atraviesan la frontera entre el día y la nada. Esa noche, Camila regresó más tarde de lo que habría querido, pisando la acera agrietada de la Calle de la Sombra. ...
Cuando me llamaron de la residencia, la voz al otro lado del teléfono tenía la aspereza de una tormenta contenida. “Señorita Méndez, tenemos… un problema con su abuelo”. El viejo Andrés Méndez llevaba casi veinte años alojado en la desv...
La lámpara encendida
En la anchurosa soledad de la calle Cavendish, uno de aquellos barrios antiguos de Londres donde el ladrillo parece perpetuamente empapado en lluvia, vivía y moría en igual proporción el silencio. Y sin embargo, en el núme...
Si deseas saber cómo empieza a pudrirse una vida, sólo tienes que detenerte en una escena insignificante: una ventana abierta a la noche, el brillo de las farolas recortando las figuras deformes de los árboles, y un hombre al otro lado del cristal Leer más...
Jamás le contó a nadie lo del papel tapiz. Ni siquiera a Andrea, que había soportado ya casi siete años de manías, obsesiones y crisis, y con la que había alcanzado esa extraña connivencia que sólo logran los matrimonios exhaustos, amiga y ri Leer más...
Había algo en el departamento 7-B que no le permitía dormir, o quizás era algo en su propia cabeza, un eco persistente, una voz detrás de otra voz, una palabra tatuada en el ojo de su mente que se negaba a ser leída del todo. Diana se quedaba de Leer más...
Si deseas saber cómo empieza a pudrirse una vida, sólo tienes que detenerte en una escena insignificante: una ventana abierta a la noche, el brillo de las farolas recortando las figuras deformes de los árboles, y un hombre al otro lado del cristal Leer más...