Aquella noche caía como un telón pesado sobre el centro de la ciudad. Los escaparates lucían temblorosos tras las vidrieras empañadas, y la lluvia le confería al asfalto un brillo borroso, casi irreal. Era víspera de la gran Fiesta de la Luz, ...
Me he preguntado muchas veces, tal vez con un atisbo autodesprecio, si este lugar que habito —tan esencialmente convencional— ha sido, toda mi vida, una trampa; o mejor, una celda disfrazada de vivienda. Un nombre ridículo en el buzón pintado ...
El polvo que se alza al paso de los forasteros en pueblos anónimos tiene un olor peculiar; no a tierra, ni a muerte, sino a un suspenso impropio, como el eco de un llanto muy antiguo. Nada parecía distinguir a Bellacre de los demás parajes olvida...
Algunos proclaman que la ciencia ilumina las tinieblas. Pero basta adentrarse en el resplandor mortecino de sus laboratorios para advertir que la verdadera tiniebla carece de miedo al brillo del conocimiento, pues es del mismo resplandor de donde ma...
De día, el corredor de Magnolia Lane tenía un tacto de desidia, como si hasta el polvo tuviera años de antigüedad y el calor no fuera el del verano ni el del infierno, sino el de un cuerpo enfermo al que nadie cuida. A ambos lados del sendero, m...
Cuando la señora Saito murió, su hijo Yukio se mudó solo a la casa familiar, a los veintisiete años. La propiedad era uno de esos errores arquitectónicos de los suburbios de Saitama: una amalgama de añadidos sucesivos, pasillos largos, habitac...
Frente a la mole ennegrecida de la mansión Henley, los caballos se negaban a avanzar. Salomón, el cochero, maldecía en voz baja mientras el trabajador del establo intentaba azuzar a las bestias con una fusta que apenas ocultaba su propio miedo. H...
El tic-tac de los relojes era un sonido extinto. Solo el silencio vibraba bajo la cúpula marchita de nubes, allí, entre las ruinas de la ciudad, donde las avenidas parecían lenguas grises y los edificios se curvaban como dientes podridos. Todavía...
--- Estaba conmigo cuando descendimos. Aunque ni siquiera “descender” lo abarca: hay algo en la palabra que sugiere un final, un fondo alcanzable, y la sima de la que estoy hablando no termina donde nosotros terminamos. Baja más allá de lo qu...
Era casi medianoche cuando Clare detuvo el motor. Había un silencio absoluto en el aire, roto tan solo por el crujir de las llantas contra la grava húmeda. Bajo el faro roto del viejo Toyota, el camino forestal parecía tragarse la última pizca d...
Olía a lejía y oxidación. No al principio, claro; cuando aún era un hospital, todo relucía a líneas blancas y pasillos con brillo de cera, el aroma a desinfectante y flores frescas del mostrador. El hospital de Oxley fue, durante décadas, una...
Hasta el último momento, Carson había deseado creer que los peores rumores acerca del Club Liminal eran puro invento. Eso le hubiera bastado para seguir buscando emoción en los sótanos que vibraban a medianoche, pero la invitación sellada lo ha...
El viento azotaba con furia las tejas sueltas y podridas de la casona en lo alto de la colina Barrett. Las ramas retorcidas de los robles arrojaban sombras como garras que hurgaban en los secretos de la noche, y el farol del portón destilaba una lu...
—¿Queridos radioescuchas, están listos para la noche más especial de sus vidas?— La voz de Ayelén retumbó en el estudio con un tono festivo pero innecesariamente bajo, como si compartiera un secreto indecoroso a cada oyente, desde sus hab...
Aquella noche la tormenta no anunciaba nada. Llovía con desgana, apenas el tamborileo suave de cada gota se confundía con los ruidos acallados de la vida nocturna, y solo los destellos ocasionales de los relámpagos recortaban contra el cielo las ...
El cielo era de un gris extrañamente denso, pesado; algo que parecía más piedra que nube, como si el firmamento entero hubiera decidido aplastarse contra las calles de la ciudad. Dentro del apartamento 6C, un hombre de treinta y cuatro años, alt...
Aquella región de los Cárpatos no aparecía en los mapas modernos. Atravesada de carreteras deshechas y bosques tan antiguos que por la noche solo parecían contener estrellas apagadas, era fácil perderse en la bruma, fácil entender por qué los...
Las diez de la noche y la tormenta había tumbado tres postes en la carretera del canal. Darío apagaba el cigarrillo contra el guardabarros de su coche cuando vio a través de los pinos la silueta de la fábrica abandonada, la misma que, desde que e Leer más...
Para cuando la furgoneta desvencijada de Colonia Maldita detuvo su marcha en el descuidado estacionamiento del Walmart de St. Ezekiel, la luna ya estaba alta y tres de los cuatro faroles del sector sur parpadeaban de forma siniestra, mechando la noc Leer más...
Siempre había sido un hombre de rutinas, de sistemas y metodologías finamente calibradas, el tipo de persona que podía trazar una línea recta en medio de un huracán. Pero para cuando el Dr. Alonso Rivera se dio cuenta de que algo estaba podrido Leer más...
Descendí a la ciudad de las almas dormidas al mediodía, cuando el sol parece empujar todo a retirarse hacia sus propias cavernas. Era jueves, y aún no sabía – en esos tramos de luz y pesadez – que la línea entre la misericordia y la condena Leer más...
Si la noche tuviera lengua, hablaría con la voz de Elvira en la penumbra, arrastrando las sílabas como si intentara devorar la distancia que la separaba del límite de sus propios días. Porque la noche, esa noche, no era sino una losa bajo la que Leer más...
El parabrisas era solo una silueta más contra la negrura informe de la noche de medianos de marzo. Rodolfo había salido del tercer turno de la fábrica y llevaba casi cincuenta kilómetros de carretera secundaria. El sueño mordía, pero algo lo de Leer más...
A cada rincón de la ciudad, la penumbra le cuelga un disfraz específico. No es la oscuridad simple: es esa sombra espesa, con la cola infecta de mugre, que solo el centro sabe extender porque aquí el día y la noche parecen un solo y largo pasillo Leer más...
El sol de septiembre caía con un resplandor muerto sobre el pueblo de Takasawa. Las hojas de los álamos, más pálidas que verdosas, susurraban entre ellas con la brisa débil. Aun así, el calor persistía; quedaba atrapado en las viejas casas de Leer más...
Eran los días oscuros del equinoccio cuando la niebla se arraigó en las tierras de Sarralonga, un pueblo hundido en la humedad de la montaña y el olvido. Los granjeros tapaban el pozo con maderos podridos y los niños se encerraban al caer la tar Leer más...
Te despertaste con el zumbido, igual que anoche y la noche anterior. El zumbido iba metiéndose en tu nuca como una lengüecilla eléctrica, reconociendo los rincones donde la ansiedad duerme. Cuando abriste los ojos, no viste la celda que la adminis Leer más...
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