Hubo un tiempo en que, al pasar junto al camposanto de Vilenca, los pájaros abandonaban el aire en bandadas, y hasta el más fornido de los leñadores apretaba el paso y los dientes, murmurando oraciones aprendidas de niños. El cementerio era mitad...
El reloj marcaba las 2:32 cuando Haruki descendió las últimas escaleras del metro, dejando atrás el zumbido escaso de la ciudad en una noche asfixiada de junio. La humedad era como un manto maligno, pegajoso. Solo un guardia de seguridad dormía e...
La última vez que vi volar a Murphy, las nubes hervían sobre el horizonte, rojas como cicatrices antiguas. El doctor Swann revisaba el instrumental – sus nudillos grises, hendidos de fatiga, sobresalían de la inacabable serie de réplicas de su...
No será sencillo encontrar la noche que comenzó este relato. Pude haberlo ubicado en los linderos de cualquier crepúsculo cansado, donde el alma se inclina con pereza al descanso, y el viento del bosque, con sus mil piernas y voces, penetra la ca...
El rebaño de las sombras ululantes
La primera noche, Elías soñó con el monolito. Lo vio surgir del barro negro más allá de la casa, entre la niebla de la ciénaga, altivo, esbelto, cubierto de grietas donde la sombra se agazapaba y respiraba....
Mi hermana y yo fuimos las últimas en salir del hospital psiquiátrico que fue, hasta esa noche, el único mundo que conocimos. No teníamos nombre, aunque nos llamaban Asa y Yu, con esa lengua suave de los habitantes del viejo distrito de I—el b...
Cuando en su juventud visitaba la casa de su tía en las afueras de Rouen, Jean-Marie había aprendido a temer a los viejos. No a aquellos que veía en los bancos del parque o en las colinas, sino a uno específico, al que sólo los niños veían ar...
Mi travesía comenzó con un sueño. No uno de esos sueños turbios que la mente regurgita cuando los sentidos se emborrachan de cansancio, sino uno nítido, tan real que aún siento dentro de mis dientes el sabor a cobre frío y ácido terror. En e...
La sentí antes de verla. Esto lo sé, lo entiendo, ahora, pero esa noche—cuando Jenny me llamó llorando y yo, pese a nuestra reciente separación, fui a su departamento—no supe ponerle nombre. Un cambio en la temperatura, sí, pero ¿cuánto d...
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Segunda planta, pasillo central. Cuatro y veintisiete de la madrugada según el reloj digital encima de la estación de enfermería. Las luces frías, tenues por economía, fracturaban el silencio. Solo la respiración irregular de los monito...
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Estaba conmigo cuando descendimos. Aunque ni siquiera “descender” lo abarca: hay algo en la palabra que sugiere un final, un fondo alcanzable, y la sima de la que estoy hablando no termina donde nosotros terminamos. Baja más allá de lo qu...
Había lluvias de verano que eran suaves, arrulladoras, como un manta húmeda que te cubre mientras duermes. Pero la lluvia que aquella tarde cubría el lago Helmsley era una criatura distinta: fría, densa, una caída de agua salada, infatigable, qu Leer más...
El local había cerrado hacía más de tres horas cuando Alfredo terminó el segundo revelado. Había prometido a sí mismo que sería el último encargo comercial que aceptaría este mes y, por ello, maldijo en voz baja mientras las imágenes emergà Leer más...
Te contaré un secreto imposible de olvidar, uno que no confesaría ni al cura más empático, ni al amante más fiel. No te lo digo en busca de redención, ni porque haya esperanza de no estar condenado: te lo cuento porque, literalmente, no hay nad Leer más...
Catherine Bishop despertó antes que el reloj repicara en el velador. Su marido dormía junto a ella, con la boca entreabierta y su respiración yendo y viniendo como un animal antiguo. La luz matinal aún no había pinchado la cortina, pero el cuart Leer más...
Había lluvias de verano que eran suaves, arrulladoras, como un manta húmeda que te cubre mientras duermes. Pero la lluvia que aquella tarde cubría el lago Helmsley era una criatura distinta: fría, densa, una caída de agua salada, infatigable, qu Leer más...