La plaza se encontraba desierta bajo la niebla, y los faroles temblaban como si alguien susurrara vientos helados directamente en sus llamas. Minako apretó el abrigo sobre su pecho, esperando que la soledad la protegiera más que la multitud. El me...
La noche estaba teñida de un gris indeciso, esa suerte de tiniebla semiluminada que la ciudad es capaz de fabricar con el neón y los faroles mortecinos. No era lluvia, pero el aire era tan húmedo que el rocío se pegaba a la ropa y las ventanas p...
El olor a desinfectante era lo único que mantenía a Alejandra alerta. Siempre había sido meticulosa, pero después de la última noche, esa misma manía de limpiar obsesivamente amenazaba con llevarla al borde de un colapso. Acomodó la cubeta en...
Desde hacía dos años, cada vez que miraba a Marcelo, Irene sentía que vivía al lado de un desconocido. La forma en que sorbía la sopa, la manía de rascarse entre los dedos de los pies, la manera en que sus ojos saltones la recorrían, irritado...
En la penumbra tibia de una habitación desconocida, la mente tiende trampas. Así lo pensaba Simon cada vez que el gélido golpe de la realidad barría los últimos jirones del sueño; cada despertar era una sorpresa y una confirmación de que segu...
El timbre de la puerta sonó con una musicalidad tonta, un arreglo chillón de notas pregrabadas. Camila lo escuchaba desde el fondo del apartamento—a través de las paredes finas, los paneles táctiles incrustados, los sensores parpadeando en tod...
La casa tenía el aire de aquellas cosas abandonadas no por la acción del tiempo, sino por el miedo. Itziar lo notó apenas cruzó la puertecilla chirriante: ese frío mineral que se desliza por la piel aun en pleno agosto. Estaba huyendo, sí, per...
Nunca olvidé el olor. Pese a los años, a los detergentes nuevos y los muebles cambiados, la casa de mi infancia tiene todavía en mi memoria el mismo hedor denso, a encierro, a manteca rancia y madera húmeda. Al principio, uno no lo nota: crece c...
—¿Por qué siempre nos toca en mi casa? —preguntó Lucía, lanzando una risita nerviosa y fingiendo enfado mientras extendía su saco de dormir al pie del sofá. —Porque tu sala es la más grande y suena menos la tele del viejo —le respon...
---- Morris Hill era un pueblo pequeño, apenas un puñado de casas dispersas entre colinas suaves y árboles viejos que murmuraban cuando el viento pasaba. La carretera principal quebraba en una curva cerrada, la llamada “Curva del Diablo”, nom...
Por la tarde, el cielo era de un gris inquietante, con nubes que reflejaban el cobre de un atardecer desigual y bajo. En la ventanilla del Starbucks, las luces parecían una promesa de calor y compañía: listas de espera, baristas con delantales, e...
Es una ciudad, sí, pero ni siquiera aquellas gentes empapadas de rutina y neón la reconocen del todo ya. Algo bulle bajo el asfalto: las bocas de metro escupen formas deslavazadas, los ascensores suben vacíos —y a veces bajan ocupados—. Esto ...
** En el confín de un pequeño pueblo europeo, pegadas las casas unas a otras como si temiesen el viento áspero del invierno, se erigía una mansión apartada, cuyo nombre se susurraba apenas entre los habitantes a orillas del café humeante: la ...
El zumbido de la interfaz era la única constante. Incluso en el crepúsculo casi suspendido del servidor madre, cuando los ingenieros dormían y sólo los sueños eléctricos martillaban los núcleos, siempre permanecía. Álex se aferraba a ese zu...
— Cuando Amalia descubrió el sobre amarillo, fue tan solo un domingo de octubre. Niebla apenas espesa envolvía las esquinas y era ese momento donde la ciudad se sumerge en la calma rígida de la tarde: los televisores susurrando partidos, el ...
La niebla llegó una noche de junio, arrojándose sobre la ciudad portuaria como una criatura enferma, expandiéndose desde el mar con un chillido que sólo las almas cansadas fueron capaces de escuchar. Desde hacía tres semanas, el pero del mar ha...
— Me llamo Beatriz Sánchez y mi canal de YouTube tenía setecientos mil suscriptores antes de aquella boda. No lo digo con orgullo, sino con un temblor glacial, pues fue allí, la noche en que grabé la boda de Cristina y David, donde descubrí ...
Era lunes, y ya caía la noche. Alguna vez pensé que los lunes no podían sodomizarme el alma peor de lo que ya lo hacían, pero estaba equivocada. Volvía a casa tras mi turno doble en la funeraria, tratando de sacarme de la cabeza el silencio esp...
Halloween nunca había sido una fiesta relevante en Dunbridge, Massachusetts. En la ciudad vieja, de piedras musgosas, árboles retorcidos y un silencio tan denso como la neblina del puerto cercano, lo más aterrador en la fecha era el vaho que sal...
Nunca pude precisar si aquel quejido provenía de la casa contigua o de algún rincón invisible del propio pasillo. Algunas noches lo oía ya desde la calle, temblando en el aire, adherido al moho de los muros y al rumor de la brisa. Era un sonido ...
Las diez de la noche y la tormenta había tumbado tres postes en la carretera del canal. Darío apagaba el cigarrillo contra el guardabarros de su coche cuando vio a través de los pinos la silueta de la fábrica abandonada, la misma que, desde que e Leer más...
Para cuando la furgoneta desvencijada de Colonia Maldita detuvo su marcha en el descuidado estacionamiento del Walmart de St. Ezekiel, la luna ya estaba alta y tres de los cuatro faroles del sector sur parpadeaban de forma siniestra, mechando la noc Leer más...
Siempre había sido un hombre de rutinas, de sistemas y metodologías finamente calibradas, el tipo de persona que podía trazar una línea recta en medio de un huracán. Pero para cuando el Dr. Alonso Rivera se dio cuenta de que algo estaba podrido Leer más...
Descendí a la ciudad de las almas dormidas al mediodía, cuando el sol parece empujar todo a retirarse hacia sus propias cavernas. Era jueves, y aún no sabía – en esos tramos de luz y pesadez – que la línea entre la misericordia y la condena Leer más...
Si la noche tuviera lengua, hablaría con la voz de Elvira en la penumbra, arrastrando las sílabas como si intentara devorar la distancia que la separaba del límite de sus propios días. Porque la noche, esa noche, no era sino una losa bajo la que Leer más...
El parabrisas era solo una silueta más contra la negrura informe de la noche de medianos de marzo. Rodolfo había salido del tercer turno de la fábrica y llevaba casi cincuenta kilómetros de carretera secundaria. El sueño mordía, pero algo lo de Leer más...
A cada rincón de la ciudad, la penumbra le cuelga un disfraz específico. No es la oscuridad simple: es esa sombra espesa, con la cola infecta de mugre, que solo el centro sabe extender porque aquí el día y la noche parecen un solo y largo pasillo Leer más...
El sol de septiembre caía con un resplandor muerto sobre el pueblo de Takasawa. Las hojas de los álamos, más pálidas que verdosas, susurraban entre ellas con la brisa débil. Aun así, el calor persistía; quedaba atrapado en las viejas casas de Leer más...
Eran los días oscuros del equinoccio cuando la niebla se arraigó en las tierras de Sarralonga, un pueblo hundido en la humedad de la montaña y el olvido. Los granjeros tapaban el pozo con maderos podridos y los niños se encerraban al caer la tar Leer más...
Te despertaste con el zumbido, igual que anoche y la noche anterior. El zumbido iba metiéndose en tu nuca como una lengüecilla eléctrica, reconociendo los rincones donde la ansiedad duerme. Cuando abriste los ojos, no viste la celda que la adminis Leer más...
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