— Me llamo Eric Herzfeld y no tengo por costumbre escribir relatos; sin embargo, a estas alturas, admito que no me quedan mejores métodos para apoyar mi propia salud mental. La psique de un hombre es fácilmente trastornada, y late en mí la sos...
El espejo era oval, con marco de madera endurecida por el tiempo y el polvo. Desde el principio me sentí observada por él o, peor aún, a través de él. Era un objeto de la familia de Sebastian, mi marido, y cuando por fin nos mudamos juntos al p...
La última vez que Brenda vio la luz natural fue el jueves, antes de que los drones cegaran la claraboya junto a su escritorio. Esa mañana el café sabía extraño, demasiado amargo y tibio. El silencio del laboratorio la mantenía inquieta: sus pa...
La primera vez que alguien la arrastró por el pasillo fue un miércoles. Recordaba bien los detalles: la luz amarillenta casi sin fuerza, las losetas negruzcas bajo los pies desnudos, la humedad del mosaico pegándose en la piel. La sujetaban de un...
La calima enturbiaba el aire tan pronto como la tarde caía, convirtiendo el pueblo de Esquileo en un susurro lejano, una mancha apagada en mitad de la planicie agria. El olor a tierra húmeda se filtraba bajo las puertas y por entre las rendijas de...
*** El padre Roque llegaba con la sotana enlutada por el polvo del camino, ocultando en su impavidez la sospecha de que jamás debió responder a la carta. Había partidos antes del alba, poseído por la inquietud, siguiendo la indicación con el n...
El tren de las 22:47 descendió al andén con una bocanada de vapor y un chirrido que parecía una queja. Eso era la vida en la ciudad: todo se queja, la atmósfera, las paredes, hasta la gente. Marcos, con la jaula del gato en una mano y la mochila...
Había oscurecido hace horas, aunque Clara sólo lo notó cuando se levantó del sofá y tropezó con su propia imagen, reflejada apenas en el ventanal del salón. Apenas atisbaba su silueta: una mancha pálida, ojerosa. Su apartamento tenía ese do...
La lluvia caía con monotonía, golpeando las viejas losas y las ventanas ahumadas de Malvern House, un edificio encaramado en los acantilados al norte de Whitby. Atrás quedaba el bullicio del puerto y el débil resplandor de las farolas: aquí só...
La primera noche en que fui a dormir a mi nueva casa, tuve un sueño tan nítido que me desperté cubierto de sudor, agitado, sin distinguir aún la frontera entre la vigilia y la ola oscura que había lamido mi mente. La casa antigua me recibió co...
Bajo la piel de las cosas El padre de la esquina Tenía apenas veintisiete años cuando me mudé al departamento de la calle Nogales. Había dejado atrás uno de esos romances enfermos, de los que una se cura con tiempo y con espacio propio. Mi nu...
La primera vez que Martha Linde escuchó aquel sonido, apenas si lo distinguió de los ruidos nocturnos de la granja. Era octubre, y la temperatura descendía de golpe en cuanto el Sol se enterraba tras la línea de espacios infinitos que rodeaba su...
Cuando acepté el puesto como investigador principal en el Laboratorio Kronos, pensé que había tocado el techo de mi carrera. Veinte años modelando algoritmos genéticos, escribiendo sobre inteligencia emergente, entrevistado por revistas exquisi...
La tarde tras la verja era brillante y desolada. Los árboles, podridos hasta el corazón, proyectaban sombras irregulares en el descuido bulboso del cementerio Gadsden, un lugar tan lejos del amor como de la verdad. Plata desmanchada de las lápida...
La primera vez que Lucía vio a Arancha fue, dice, en una foto borrosa, una imagen compartida en una historia de Instagram por "el chico de las plantas", el único contacto reciente y mutuo que podían encontrar cuando, días después, intentaron co...
El carruaje llegó a la mansión Agnew bajo un cielo gris plomo, el aire impregnado de una humedad espectral. Agnes, la joven institutriz, sacudió su capa antes de tocar el aldabón —en forma de gárgola— de la puerta principal. Un rincón de I...
Cuando Josephine recibió la carta, aún no habían comenzado los días torcidos de noviembre, y la bruma solo era una promesa lejana. Sin embargo, al leer la caligrafía curvada y oscura de su tía Augusta, sintió como si una ráfaga helada hubier...
Cuando en su juventud visitaba la casa de su tía en las afueras de Rouen, Jean-Marie había aprendido a temer a los viejos. No a aquellos que veía en los bancos del parque o en las colinas, sino a uno específico, al que sólo los niños veían ar...
El coche avanzaba por el camino de tierra con un sonido sordo y pegajoso, como el chasquido cuando se hunde una cuchara en un pudin recién hecho. Olivia mantenía ambas manos aferradas al volante, su mente perdida en una niebla de inquietud. Los á...
— El conductor de la furgoneta blanca no levantó la mirada de la carretera. Eran casi las dos de la mañana. El motor rugía uniforme y, tras el parabrisas, la autopista resplandecía bajo los faros, pavimento negro y recto entre sombras. Al cost...
Las diez de la noche y la tormenta había tumbado tres postes en la carretera del canal. Darío apagaba el cigarrillo contra el guardabarros de su coche cuando vio a través de los pinos la silueta de la fábrica abandonada, la misma que, desde que e Leer más...
Para cuando la furgoneta desvencijada de Colonia Maldita detuvo su marcha en el descuidado estacionamiento del Walmart de St. Ezekiel, la luna ya estaba alta y tres de los cuatro faroles del sector sur parpadeaban de forma siniestra, mechando la noc Leer más...
Siempre había sido un hombre de rutinas, de sistemas y metodologías finamente calibradas, el tipo de persona que podía trazar una línea recta en medio de un huracán. Pero para cuando el Dr. Alonso Rivera se dio cuenta de que algo estaba podrido Leer más...
Descendí a la ciudad de las almas dormidas al mediodía, cuando el sol parece empujar todo a retirarse hacia sus propias cavernas. Era jueves, y aún no sabía – en esos tramos de luz y pesadez – que la línea entre la misericordia y la condena Leer más...
Si la noche tuviera lengua, hablaría con la voz de Elvira en la penumbra, arrastrando las sílabas como si intentara devorar la distancia que la separaba del límite de sus propios días. Porque la noche, esa noche, no era sino una losa bajo la que Leer más...
El parabrisas era solo una silueta más contra la negrura informe de la noche de medianos de marzo. Rodolfo había salido del tercer turno de la fábrica y llevaba casi cincuenta kilómetros de carretera secundaria. El sueño mordía, pero algo lo de Leer más...
A cada rincón de la ciudad, la penumbra le cuelga un disfraz específico. No es la oscuridad simple: es esa sombra espesa, con la cola infecta de mugre, que solo el centro sabe extender porque aquí el día y la noche parecen un solo y largo pasillo Leer más...
El sol de septiembre caía con un resplandor muerto sobre el pueblo de Takasawa. Las hojas de los álamos, más pálidas que verdosas, susurraban entre ellas con la brisa débil. Aun así, el calor persistía; quedaba atrapado en las viejas casas de Leer más...
Eran los días oscuros del equinoccio cuando la niebla se arraigó en las tierras de Sarralonga, un pueblo hundido en la humedad de la montaña y el olvido. Los granjeros tapaban el pozo con maderos podridos y los niños se encerraban al caer la tar Leer más...
Te despertaste con el zumbido, igual que anoche y la noche anterior. El zumbido iba metiéndose en tu nuca como una lengüecilla eléctrica, reconociendo los rincones donde la ansiedad duerme. Cuando abriste los ojos, no viste la celda que la adminis Leer más...
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