Se llamaba David, y hasta hace pocos meses era alguien ordinario; 42 años, algo de barba, ningún matrimonio y un trabajo anónimo de archivista en el Ayuntamiento de una ciudad portuaria. Tenía insomnio crónico desde hacía años, y la vida pare...
*** Nunca he creído en fantasmas, ni en espíritus, ni en nada remotamente sobrenatural. Hay algo obstinadamente prosaico en mí que siempre ha repelido el pensamiento de otras realidades, otras presencias. Y, sin embargo, lo que pasó esa primave...
Oyó el goteo por primera vez la noche del 28 de octubre, cuando Rebeca Sandmann estaba revisando unos documentos del archivo municipal en su estudio alquilado de la calle Mälzergasse. Era inequívocamente agua, pero no llovía: las cañerías en l...
El Testimonio de Willoughby Hatch Cuando el joven señor Vesper me preguntó si sería posible realizar una investigación en la capilla privada de Fearnley Hall, nunca imaginé que, en ese húmedo septiembre de 1912, la rutina de mi cargo como bib...
El calor de los últimos días de octubre era sofocante e inusual para las colinas del sur; rozaba la piel de quienes marchaban entre los altos girasoles como una lengua de bestia sedienta. Alan marchaba por el linde del viejo campo, los zapatos hun...
Era la perseverancia lo que distinguía a Ottmar Voigt de los mortales usuales. Perseverancia y una oscuridad tan pura, tan burbujeante, que casi podía embriagar. En el sótano de su viejo caserón, los cimientos temblaban ligeros bajo el peso de l...
Se te acaba el silencio cuando vives al borde del bosque. No el silencio de los relojes, ni el de los pies descalzos antes del amanecer, sino ese otro: el silbido imperceptible de presencias que arrastran cosas, que rasguñan restos bajo la hojarasc...
Se llamaba Rowan Milton y aquello era, sin duda, un error. Desde el momento en que despertó, supo que su ausencia de memoria no respondía a una noche de excesos sino a un destino mucho más siniestro. No recordaba cómo había terminado allí, sin...
Mi nombre, si es que aún importa, es Ernest Gallit, y hasta antes de la noche marcada, ostentaba el hábito común a los hombres racionales de desconfiar del horror. Ese tipo de horror que no llega a través del grito sino del susurro, no con pesad...
* La vieja casa de los Milton se yergue, un poco desganada, por encima del pueblo, al final de una callecita de tierra que sólo los viejos del lugar saben recitar de memoria. Las ventanas miran al norte, marchitas, y sólo los niños, atreviéndos...
La casa era más grande en la memoria de Victoria. La recordaba de niña: los techos inconmensurables, las sombras que reptaban bajo las puertas, los olores adustos de madera antigua y polvo; una guarida que, por más suyo que fuera aquel rincón, s...
Todos hemos escuchado alguna vez el cuento de horror urbano: el desconocido amable que en realidad es un monstruo, el auto que no te devuelve al hogar sino que te arranca la vida. A veces pienso que los cuentos existen para prevenirnos de las verdad...
La noche cayó sobre la carreterita sin nombre como una mano húmeda. Fuera del pueblo, sólo el resplandor rojo de un letrero de KFC peleaba contra la negrura, reflejándose fangoso sobre los charcos de lluvia estancada en el aparcamiento repleto d...
----------------------------------------- La mano de Nolan tembló sobre el teclado. Observó la pantalla, la hoja en blanco iluminando el apartamento en penumbras. Afuera, la lluvia resbalaba en las ventanas dejando heridas largas y llorosas, mien...
La casa, más que un edificio, era la acumulación pétrea de muchas ausencias. Se apostaba sobre la colina como una mancha de sombra rozando la medianoche, con sus paredes hinchadas de humedad y sus ventanas negando cualquier reflejo de esperanza a...
El crepúsculo vestía la Casa del Álamo con una luz enferma y azulada, como si el cielo ya hubiese dejado de respirar, y en ese exánime instante, la casa se tragaba los últimos sonidos de la tarde. Desde la vejez de su fachada, los álamos eriza...
Si alguna vez has sido presa de la sensación —implacable pero fugaz— de no saber si estás despierto o soñando, comprenderás que la confusión entre una realidad y otra no es el mero tropiezo de una mente distraída, sino el primer paso hacia...
Aquel Walmart era exactamente el mismo que todos. Mientras las puertas automáticas se abrían a cada cliente, su aliento era succionado por el zumbido de los compresores en su techo y exhalado por los conductos de ventilación en los baños de empl...
— Lo primero que aprendimos fue a dejar de mirar el horizonte. Dicen que si lo haces un par de veces, tu mente puede empezar a funcionar sola, a escarbar patrones en la niebla, a buscar líneas donde no las hay. Pero en la Región, la vista enga...
--- La casa siempre fue demasiado grande, aunque solo tuviera dos pisos y una buhardilla por la que ni siquiera el viento quería asomarse. Se elevaba allí, en el único claro del bosque, odiada por los árboles y rodeada de raíces que jamás se ...
Las diez de la noche y la tormenta había tumbado tres postes en la carretera del canal. Darío apagaba el cigarrillo contra el guardabarros de su coche cuando vio a través de los pinos la silueta de la fábrica abandonada, la misma que, desde que e Leer más...
Para cuando la furgoneta desvencijada de Colonia Maldita detuvo su marcha en el descuidado estacionamiento del Walmart de St. Ezekiel, la luna ya estaba alta y tres de los cuatro faroles del sector sur parpadeaban de forma siniestra, mechando la noc Leer más...
Siempre había sido un hombre de rutinas, de sistemas y metodologías finamente calibradas, el tipo de persona que podía trazar una línea recta en medio de un huracán. Pero para cuando el Dr. Alonso Rivera se dio cuenta de que algo estaba podrido Leer más...
Descendí a la ciudad de las almas dormidas al mediodía, cuando el sol parece empujar todo a retirarse hacia sus propias cavernas. Era jueves, y aún no sabía – en esos tramos de luz y pesadez – que la línea entre la misericordia y la condena Leer más...
Si la noche tuviera lengua, hablaría con la voz de Elvira en la penumbra, arrastrando las sílabas como si intentara devorar la distancia que la separaba del límite de sus propios días. Porque la noche, esa noche, no era sino una losa bajo la que Leer más...
El parabrisas era solo una silueta más contra la negrura informe de la noche de medianos de marzo. Rodolfo había salido del tercer turno de la fábrica y llevaba casi cincuenta kilómetros de carretera secundaria. El sueño mordía, pero algo lo de Leer más...
A cada rincón de la ciudad, la penumbra le cuelga un disfraz específico. No es la oscuridad simple: es esa sombra espesa, con la cola infecta de mugre, que solo el centro sabe extender porque aquí el día y la noche parecen un solo y largo pasillo Leer más...
El sol de septiembre caía con un resplandor muerto sobre el pueblo de Takasawa. Las hojas de los álamos, más pálidas que verdosas, susurraban entre ellas con la brisa débil. Aun así, el calor persistía; quedaba atrapado en las viejas casas de Leer más...
Eran los días oscuros del equinoccio cuando la niebla se arraigó en las tierras de Sarralonga, un pueblo hundido en la humedad de la montaña y el olvido. Los granjeros tapaban el pozo con maderos podridos y los niños se encerraban al caer la tar Leer más...
Te despertaste con el zumbido, igual que anoche y la noche anterior. El zumbido iba metiéndose en tu nuca como una lengüecilla eléctrica, reconociendo los rincones donde la ansiedad duerme. Cuando abriste los ojos, no viste la celda que la adminis Leer más...
Copyrights © 2025 Miedoyhorror.com. Todos los derechos reservados.
¿Te has leido el relato? Nos gustaría que lo valorases para que así otros lectores vean los relatos más interesantes.
