Solo el sonido de las máquinas marca la diferencia entre estar dormidos y estar muertos. Cuando Ishida despertó aquella mañana en los Habitáculos, no sintió distancia entre sus sueños y la vigilia. La piel artificial que cubrÃa sus antebrazos...
HabÃa leÃdo una estadÃstica, una vez, acerca de la cantidad de cuerpos que cruzaban cada dÃa las puertas giratorias del supermercado. No podÃa recordarla ya, ni si provenÃa de una noticia o de un sueño, pero le parecÃa sobrenatural, la cifra...
Mi madre nunca hablaba de su pueblo natal. DecÃa que recordar solo servÃa para hacerse daño. Yo insistÃ, especialmente cada vez que mi hermana y yo nos mirábamos durante horas en el espejo, buscando diferencias en nuestros rostros idénticos, e...
13 de abril, 1989 Papá otra vez no fue a la iglesia el domingo. Mamá dijo que no debÃamos preguntarle nada. Es esa época extraña otra vez, la de las lágrimas en el desayuno y el olor a vinagre caliente por toda la casa. Pero encontré la caja...
Cuando aún dormÃa sobre un futón raÃdo en el apartamento diminuto que me ofreció el gobierno, no entendÃa el sentimiento pegajoso que se escurre entre la dimensión de la vigilia y la del sueño. Cada noche, antes de hundirme en la semi-oscuri...
--- Cuando comencé a vivir sola en el apartamento 3B, no me preocupaban las noches. Tan solo era otra habitación ajustada en el intrincado edificio municipal, con paredes de madera fina y ventanas que chirriaban incluso cuando no soplaba el vient...
En la alborotada periferia de la ciudad, gobernada por la niebla y el dibujo romperredes de los álamos secos, se alzaba la mansión de la familia Haarlem, un monstruo arquitectónico del siglo dieciocho desafiante a la erosión del tiempo y al olvi...
— El manual llegó una mañana, envuelto en papel encerado, dirigido solo por un nombre que ya no reconocÃa como mÃo aunque figuraba en el buzón: Kazuki Matsumae. Ningún remitente, ningún estampado, solo las letras a bolÃgrafo azul, temblo...
Por alguna razón, ya no podÃa recordar la última vez que habÃa comprado pan. No era porque lo hubiera dejado, ni porque su marido hubiera cambiado súbitamente de dieta sin consultarla. Pero el recuerdo, puntualmente, se escurrÃa cada vez que l...
La primera vez que abrà mis ojos en ese lugar, no sentà miedo. HabÃa algo reconfortante en la penumbra dorada que me envolvÃa, tibia, hinchada como una placenta traslúcida. El olor era familiar, mezcla de humedad, leche rancia y tierra. No sabÃ...
Me llamo Reina Mizuno y soy la responsable esta noche del centro de atención a emergencias en el área 1 de Suginami, Tokio. La lluvia golpea contra los ventanales de la sala como si quisiera advertirme de algo, y los manchones resplandecientes de ...
La noche era pesada. El calor, incluso después de la puesta del sol, se acumulaba en la casa como una sábana de sudor invisible. Las ventanas estaban cerradas, cortinas pesadas como párpados muertos. Nadie en la Colonia Warren abrÃa una puerta d...
HabÃa algo en el aire del campamento Distant Pines, algo que a Aura le transmitÃa la certeza de que, incluso durante el dÃa, la noche nunca se alejaba del todo. Ella, recién llegada supervisora de veintinueve años —tÃmida, reservada, arrastr...
La noche habÃa caÃdo con una prisa monocorde sobre la campiña de Surrey. Una luna turbia, apenas perfilada por hilos de nube, arrojaba su pálido reflejo sobre los campos arrasados del otoño, y en la colina, como si el invierno le hubiese crecid...
*** La noche era demasiado silenciosa. En la casa tradicional al margen de una de las estrechas y húmedas callejuelas de Shimokitazawa, los ruidos de la ciudad parecÃan ahogados por el grueso papel de arroz de las paredes exteriores. Afuera, la l...
Mi hermana y yo fuimos las últimas en salir del hospital psiquiátrico que fue, hasta esa noche, el único mundo que conocimos. No tenÃamos nombre, aunque nos llamaban Asa y Yu, con esa lengua suave de los habitantes del viejo distrito de I—el b...
Siempre he pensado que la noche es una bestia tranquila, pero esa suposición se desmoronó la primera vez que escuché el alarido que surgÃa detrás del terreno baldÃo, a la sombra de un antiguo torii rojo, descascarado por los siglos. En el pueb...
Cosecha de medianoche Al principio hubo una semilla. Nadie la vio caer, nadie pensó que germinarÃa. Los cientÃficos, sÃ, aquellos de la cúpula de Génesis Biotech, creÃdos célibes de la naturaleza, lo sabÃan, pero el mundo jamás imaginó q...
Aquella noche, la niebla se enroscaba en el asfalto como un animal dormido. Mientras el Honda Fit avanzaba por la carretera secundaria, el rugido del motor apenas era suficiente para romper el tapiz de silencio que parecÃa envolverlo todo a cuarent...
Cuando llegué a la ciudad, lo hice porque no tenÃa otra opción. Quizá por eso acepté el trabajo tan rápido, la chaqueta azul recién planchada sobre el uniforme indeleble de mi pasado. Aquella sucursal estaba en las afueras, a un costado de un...
Las diez de la noche y la tormenta habÃa tumbado tres postes en la carretera del canal. DarÃo apagaba el cigarrillo contra el guardabarros de su coche cuando vio a través de los pinos la silueta de la fábrica abandonada, la misma que, desde que e Leer más...
Para cuando la furgoneta desvencijada de Colonia Maldita detuvo su marcha en el descuidado estacionamiento del Walmart de St. Ezekiel, la luna ya estaba alta y tres de los cuatro faroles del sector sur parpadeaban de forma siniestra, mechando la noc Leer más...
Siempre habÃa sido un hombre de rutinas, de sistemas y metodologÃas finamente calibradas, el tipo de persona que podÃa trazar una lÃnea recta en medio de un huracán. Pero para cuando el Dr. Alonso Rivera se dio cuenta de que algo estaba podrido Leer más...
Descendà a la ciudad de las almas dormidas al mediodÃa, cuando el sol parece empujar todo a retirarse hacia sus propias cavernas. Era jueves, y aún no sabÃa – en esos tramos de luz y pesadez – que la lÃnea entre la misericordia y la condena Leer más...
Si la noche tuviera lengua, hablarÃa con la voz de Elvira en la penumbra, arrastrando las sÃlabas como si intentara devorar la distancia que la separaba del lÃmite de sus propios dÃas. Porque la noche, esa noche, no era sino una losa bajo la que Leer más...
El parabrisas era solo una silueta más contra la negrura informe de la noche de medianos de marzo. Rodolfo habÃa salido del tercer turno de la fábrica y llevaba casi cincuenta kilómetros de carretera secundaria. El sueño mordÃa, pero algo lo de Leer más...
A cada rincón de la ciudad, la penumbra le cuelga un disfraz especÃfico. No es la oscuridad simple: es esa sombra espesa, con la cola infecta de mugre, que solo el centro sabe extender porque aquà el dÃa y la noche parecen un solo y largo pasillo Leer más...
El sol de septiembre caÃa con un resplandor muerto sobre el pueblo de Takasawa. Las hojas de los álamos, más pálidas que verdosas, susurraban entre ellas con la brisa débil. Aun asÃ, el calor persistÃa; quedaba atrapado en las viejas casas de Leer más...
Eran los dÃas oscuros del equinoccio cuando la niebla se arraigó en las tierras de Sarralonga, un pueblo hundido en la humedad de la montaña y el olvido. Los granjeros tapaban el pozo con maderos podridos y los niños se encerraban al caer la tar Leer más...
Te despertaste con el zumbido, igual que anoche y la noche anterior. El zumbido iba metiéndose en tu nuca como una lengüecilla eléctrica, reconociendo los rincones donde la ansiedad duerme. Cuando abriste los ojos, no viste la celda que la adminis Leer más...
Copyrights © 2025 Miedoyhorror.com. Todos los derechos reservados.
¿Te has leido el relato? Nos gustarÃa que lo valorases para que asà otros lectores vean los relatos más interesantes.
