A veces, al dormirte, entras en ese lugar intermedio en el que los sueños no son sueños, pero tampoco recuerdos. A veces, hay voces: “Ven”, te susurran, “toca, desliza, conecta…” Demasiado real, demasiado familiar. Pero ahora, cuando me ...
Siempre ha habido mucha luz en esta casa, incluso en días nublados como hoy. Miriam jamás lo hubiera admitido en voz alta, pero a veces detestaba cómo la claridad parecía exponer hasta el último rincón, cada pequeñas mota de polvo que huía b...
--- Había que cruzar casi veinte kilómetros de bosque para llegar a la cabaña. Justo donde la civilización se volvía susurro, donde las copas de los píceas y abetos pesaban como un océano sobre las peñas y la turba. No me importaba aquel ai...
*** El Dr. Iván Exequiel jugaba a ser el dios menor de su laboratorio. De noche era cuando la voz de la ciencia susurraba en los tubos de ensayo relucientes, calentando capilares y sueños. Las paredes cubiertas de pizarras exhibían como cicatric...
*** Nunca fui de andar mucho por la parcela tras la casa de los Boone, al menos no cuando la luna menguaba, ni después que recalaba la humedad pegajosa de ese calor que pesa más de lo que cualquier noche sureña debiera cargar. Era un asunto senc...
El viejo caserón sobresalía en el horizonte como un tumor en la belleza muerta del invierno. Las escarchas sobrevivían día y noche en el bosque circundante, incapaces de derretirse incluso bajo el sol de mediodía, que apenas conseguía romper l...
Cuando el carruaje cruzó los límites de la propiedad de los Ormsby, el aire se hizo indudablemente más fresco, y todavía faltaban horas para el ocaso. El cochero aventó un suspiro, resignado, como si en cada viaje a la mansión se jugara el pel...
--- Las farolas jamás alumbraron la calle Gylden con fuerza suficiente. Bajo la niebla del otoño, la vieja mansión Blackthorn surgía como una mandíbula desperezándose, carcomida por los años y por un silencio espeso al que los habitantes del...
La última vez que vi volar a Murphy, las nubes hervían sobre el horizonte, rojas como cicatrices antiguas. El doctor Swann revisaba el instrumental – sus nudillos grises, hendidos de fatiga, sobresalían de la inacabable serie de réplicas de su...
Estábamos bebiendo en la terraza, apenas una luna naranja temblando sobre el lomo del bosque, cuando Guillermo llegó tarde y respirando bronco, como si hubiese corrido. Nadie le reclamó nada; siquiera le preguntaron. Se sentó entre nosotros y pi...
El viento acuchillaba las colinas que rodeaban el antiguo sanatorio de Larrondo, donde las habitaciones olían a polvo, químicos secos y a ese miedo añejo que se adhiere incluso en los objetos inertes. Solo por noches como aquella la niebla descen...
Las primeras brisas de noviembre solían traer consigo un frío avieso, un cuchillo sutil que desgarraba el resguardo de las casas del pequeño pueblo de Belmonte. Las gentes se recogían temprano, los faroles temblaban en la niebla húmeda, y la no...
Cuando el agente inmobiliario entregó las llaves, Marta advirtió una insistencia en sus ojos, como si cada vez que miraba la vieja casona de la calle Embajadores su alma se descolgara un poco más hacia el invierno. Solo dijo: “Así estaba cu...
La noche en Colonia comienza temprano en noviembre, con una penumbra que no se disuelve ni siquiera con las farolas naranja encendidas a intervalos miedosos. Cuando llegué aquel anochecer a los límites de la Südstadt, me pareció que la ciudad en...
La biblioteca del barrio de Sant Martí se levantaba como un vestigio de otra época entre los bloques de cemento, un edificio de piedra blanca y ventanas góticas, haciendo eco de los días en que Barcelona era un enclave de misterios y leyendas, m...
Dicen que en el barrio de la Ribera, las noches se doblan sobre sí mismas y repiten secretos que nadie debería oír. Los faroles asombran sombras en el empedrado y detrás de cada esquina puede acechar un beso o un cuchillo. Catalina amaba esa inq...
El sonido era, al principio, solo un rumor distante más allá de los cristales. Un roce, suave y metódico, de algo vivo contra el vidrio, rasgando las horas de la madrugada en un laboratorio abandonado donde nadie tenía derecho a escuchar nada. Y...
No había logrado dormir más allá de unos mazazos de sueño tibio la última semana. Las ojeras que me recorrían los pómulos delataban las horas de insomnio que acarreaba, pero todavía eso estaba lejos de ser mi mayor problema. Ya no era un sec...
Sabía que algo andaba mal con la actualización de anoche, pero no podía evitar seguir el impulso de aceptar los términos y condiciones. Koji Suzuki: ese es mi nombre. Quizá el tuyo también haya estado en alguna base de datos, pues dudo ser el ...
Durante más de dos siglos, una vieja mansión se alzaba en la colina de Hinoedera, tan cerca de la ciudad que, desde la distancia, parecía inclinarse justo fuera del alcance de la civilización. La llamaban la Casa Ochiai, aunque nadie recordaba e...
Las diez de la noche y la tormenta había tumbado tres postes en la carretera del canal. Darío apagaba el cigarrillo contra el guardabarros de su coche cuando vio a través de los pinos la silueta de la fábrica abandonada, la misma que, desde que e Leer más...
Para cuando la furgoneta desvencijada de Colonia Maldita detuvo su marcha en el descuidado estacionamiento del Walmart de St. Ezekiel, la luna ya estaba alta y tres de los cuatro faroles del sector sur parpadeaban de forma siniestra, mechando la noc Leer más...
Siempre había sido un hombre de rutinas, de sistemas y metodologías finamente calibradas, el tipo de persona que podía trazar una línea recta en medio de un huracán. Pero para cuando el Dr. Alonso Rivera se dio cuenta de que algo estaba podrido Leer más...
Descendí a la ciudad de las almas dormidas al mediodía, cuando el sol parece empujar todo a retirarse hacia sus propias cavernas. Era jueves, y aún no sabía – en esos tramos de luz y pesadez – que la línea entre la misericordia y la condena Leer más...
Si la noche tuviera lengua, hablaría con la voz de Elvira en la penumbra, arrastrando las sílabas como si intentara devorar la distancia que la separaba del límite de sus propios días. Porque la noche, esa noche, no era sino una losa bajo la que Leer más...
El parabrisas era solo una silueta más contra la negrura informe de la noche de medianos de marzo. Rodolfo había salido del tercer turno de la fábrica y llevaba casi cincuenta kilómetros de carretera secundaria. El sueño mordía, pero algo lo de Leer más...
A cada rincón de la ciudad, la penumbra le cuelga un disfraz específico. No es la oscuridad simple: es esa sombra espesa, con la cola infecta de mugre, que solo el centro sabe extender porque aquí el día y la noche parecen un solo y largo pasillo Leer más...
El sol de septiembre caía con un resplandor muerto sobre el pueblo de Takasawa. Las hojas de los álamos, más pálidas que verdosas, susurraban entre ellas con la brisa débil. Aun así, el calor persistía; quedaba atrapado en las viejas casas de Leer más...
Eran los días oscuros del equinoccio cuando la niebla se arraigó en las tierras de Sarralonga, un pueblo hundido en la humedad de la montaña y el olvido. Los granjeros tapaban el pozo con maderos podridos y los niños se encerraban al caer la tar Leer más...
Te despertaste con el zumbido, igual que anoche y la noche anterior. El zumbido iba metiéndose en tu nuca como una lengüecilla eléctrica, reconociendo los rincones donde la ansiedad duerme. Cuando abriste los ojos, no viste la celda que la adminis Leer más...
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