La noche cayó sobre la ciudad como una cortina de terciopelo enmohecido, tan pesada que parecía absorber la poca luz que quedaba en las farolas de la vieja Calle Montclair. Bajo ese telón, un sudor frío permanecía pegajoso en la piel de los cin...
--- Hay una cinta VHS sobre la mesa, una de esas negras y toscas que rara vez existen ya fuera del inquietante mundo del coleccionismo. En la carátula alguien ha escrito con letra infantil, en tinta azul desteñida: “Fin de guión”. Quizá por...
La carretera parecía una herida negra entre los pinos, serpenteando hacia la profundidad de una región donde el eco de los lobos era más frecuente que el de las voces humanas. El pequeño Volkswagen Golf, repleto a su capacidad y más allá de lo...
Las sombras caían como un terciopelo carmesí sobre los muros devastados del Priorato de Dunham. No quedaba monje alguno en sus estancias, más el eco de sus oraciones —no menos espectrales— aún reptaba, con fauces abiertas, entre los restos s...
--- Cuando Silvia cerró los ojos, aún podía sentir el temblor de la cápsula a su alrededor, ese leve pulso eléctrico que la atravesaba con un cosquilleo apenas perceptible pero ineludible. El aroma a desinfectante, casi dulce, se le pegaba al ...
La tarde caía abruptamente en la ciudad, como una sábana raída sobre una cama desvencijada. Los edificios mordían la luz con sus recortes de hormigón mientras el aire se llenaba de esa electricidad densa que alarga las sombras y sugiere que todo...
--- Era la noche más larga del año, aunque Daniel Cano lo había olvidado. En la mesa de su despacho, se acumulaban las carpetas, expedientes y avisos bajo la tibia luz del flexo. Solo él y el rumor del océano allá afuera, rugiendo a través d...
La bruma parecía una mortaja esponjosa sobre los campos antaño vividos, cubriendo cada sendero y acequia del viejo pueblo de Gorsham con dedos helados y húmedos. Era noviembre y el viento traía, junto con las hojas secas, rumores de desaparicion...
Habíamos oído hablar de él mucho antes de verle. “El Doctor”, así, en mayúscula, como quien susurra el nombre de un demonio para espantar el mal. Nadie sabía con certeza cómo se llamaba, sólo que tenía un buzón de correo detrás de una...
La lluvia caía callada, como quien se desliza entre las páginas de un grimorio olvidado, rozando los cristales polvorientos del sanatorio de Adramis con un compás sin vida. Los cipreses del jardín, oscuros y vetustos, se agolpaban en la penumbra...
El temporal cubría Ashenden Street con un manto de oscuridad repentina, tan espesa que parecía además de envolver, asfixiar. Era octubre y el agua corría densa por las uniones de los adoquines. Un frío extraño mantenía las cortinas pegadas a ...
La lámpara encendida En la anchurosa soledad de la calle Cavendish, uno de aquellos barrios antiguos de Londres donde el ladrillo parece perpetuamente empapado en lluvia, vivía y moría en igual proporción el silencio. Y sin embargo, en el núme...
En las habitaciones de John Harrington El retrato discontinuo Pese a los múltiples oficios con que se ganaba la vida en Londres, y los diferentes nombres con los que firmaba, era de noche, frente al espejo agrietado de su dormitorio en Bloomsbur...
Era tarde en octubre cuando John Welter fue a instalarse en la antigua mansión de los Linwood. Había aceptado una comisión peculiar, de esas que sólo llegan una vez en la vida, o quizás ninguna: custodiar la transición digital d...
No dejo nunca la persiana subida más de un palmo. Desde mi ventana, el mundo es una franja apretada entre las rendijas: la acera gris, el portal despintado, las piernas rápidas de los que bajan hacia el metro. No sabría decir en qué momento exac...
Al borde del páramo, donde la niebla se adhiere con tenacidad a las jaras y el viento bate contra la piedra como el suspiro de un moribundo, se erguía la casa de los Ochoa. Era un edificio vetusto, cuadrado, de gruesos muros que las lluvias no hab...
--- Quién, si no es un infeliz derrotado por el tiempo, se atrevería a regresar después de la medianoche al convento de San Jerónimo, ese cuerpo de piedra negra plantado en la colina como una ruina voluntariamente olvidada por su creador. Pero ...
Era aquella una montaña insólita, aunque tan real como las cicatrices que grababa en el paso de los años sobre la pequeña villa a sus pies. Ronces, pedrizas y remiendos de nieve perpetua marcaban sus laderas altísimas, pero era la cima la que, ...
El hogar era robusto, de paredes de carga gruesa como las vértebras de un animal que no recordaba la calma. Alicia había comprado aquella casa a precio bajo, aun en el barrio donde el aire tenía el olor de la vegetación antigua y rara vez pasaba...
La primera bruma de la noche se arremolinaba como dedos grises en el jardín de Mortlake Hall, insinuando formas y figuras imposibles a quien fuera suficientemente crédulo –o condenado– como para prestarles su atención. Los muros, vestidos con...
Las diez de la noche y la tormenta había tumbado tres postes en la carretera del canal. Darío apagaba el cigarrillo contra el guardabarros de su coche cuando vio a través de los pinos la silueta de la fábrica abandonada, la misma que, desde que e Leer más...
Para cuando la furgoneta desvencijada de Colonia Maldita detuvo su marcha en el descuidado estacionamiento del Walmart de St. Ezekiel, la luna ya estaba alta y tres de los cuatro faroles del sector sur parpadeaban de forma siniestra, mechando la noc Leer más...
Siempre había sido un hombre de rutinas, de sistemas y metodologías finamente calibradas, el tipo de persona que podía trazar una línea recta en medio de un huracán. Pero para cuando el Dr. Alonso Rivera se dio cuenta de que algo estaba podrido Leer más...
Descendí a la ciudad de las almas dormidas al mediodía, cuando el sol parece empujar todo a retirarse hacia sus propias cavernas. Era jueves, y aún no sabía – en esos tramos de luz y pesadez – que la línea entre la misericordia y la condena Leer más...
Si la noche tuviera lengua, hablaría con la voz de Elvira en la penumbra, arrastrando las sílabas como si intentara devorar la distancia que la separaba del límite de sus propios días. Porque la noche, esa noche, no era sino una losa bajo la que Leer más...
El parabrisas era solo una silueta más contra la negrura informe de la noche de medianos de marzo. Rodolfo había salido del tercer turno de la fábrica y llevaba casi cincuenta kilómetros de carretera secundaria. El sueño mordía, pero algo lo de Leer más...
A cada rincón de la ciudad, la penumbra le cuelga un disfraz específico. No es la oscuridad simple: es esa sombra espesa, con la cola infecta de mugre, que solo el centro sabe extender porque aquí el día y la noche parecen un solo y largo pasillo Leer más...
El sol de septiembre caía con un resplandor muerto sobre el pueblo de Takasawa. Las hojas de los álamos, más pálidas que verdosas, susurraban entre ellas con la brisa débil. Aun así, el calor persistía; quedaba atrapado en las viejas casas de Leer más...
Eran los días oscuros del equinoccio cuando la niebla se arraigó en las tierras de Sarralonga, un pueblo hundido en la humedad de la montaña y el olvido. Los granjeros tapaban el pozo con maderos podridos y los niños se encerraban al caer la tar Leer más...
Te despertaste con el zumbido, igual que anoche y la noche anterior. El zumbido iba metiéndose en tu nuca como una lengüecilla eléctrica, reconociendo los rincones donde la ansiedad duerme. Cuando abriste los ojos, no viste la celda que la adminis Leer más...
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