Me encuentro, al momento de escribir esta confesión—si asà ha de llamársele a esta última actividad de mi memoria—habitante de dos mundos: el que ocupan mis manos y la carne y el que, invisible al ojo natural, ha crecido fiereza y forma dent...
— A veces, me gusta pensar que la soledad es un animal, algo con garras y dientes y ojos profundos, esperando agazapada en las esquinas donde la luz titila. Solo que ahora, la noche no tiene esquinas. Ahora, la soledad pasó a ser el aire mismo, ...
Mi llegada a la pequeña estación de Vieros, enclavada en una planicie rodeada de colinas desangeladas y bosques donde la noche parecÃa alojar siglos de secretos, no fue planificada. El tren, viejo y rezagado de toda prisa humana, se detuvo apenas...
Nunca habÃa habido otra casa en la Ruta 31. Ni de niños, ni en tiempos de cosecha, ni siquiera cuando las lluvias torrenciales obligaban a todos a buscar nuevos caminos en el condado, jamás hubo otra estructura más que la desvencijada construcci...
Se dice, en estos tiempos de anhelos sin dios, que la ciencia es la nueva luz. Se adora la lógica frÃa y se esbozan fórmulas donde antes sólo habÃa plegarias. Sin embargo, yo he vivido lo suficiente para atestiguar el naufragio de toda fe que n...
A Natalia la despertó el sonido agudo de la alarma del móvil, aunque estaba segura de que llevaba despierta horas. Algo en su piel le picaba, como si cada célula se hubiera rebelado durante la noche. Era la cuarta mañana consecutiva que no logra...
Mi travesÃa comenzó con un sueño. No uno de esos sueños turbios que la mente regurgita cuando los sentidos se emborrachan de cansancio, sino uno nÃtido, tan real que aún siento dentro de mis dientes el sabor a cobre frÃo y ácido terror. En e...
La sentà antes de verla. Esto lo sé, lo entiendo, ahora, pero esa noche—cuando Jenny me llamó llorando y yo, pese a nuestra reciente separación, fui a su departamento—no supe ponerle nombre. Un cambio en la temperatura, sÃ, pero ¿cuánto d...
Una vez, en la ya vergonzosamente lejana juventud de mi experiencia, me descubrà confinado en los callejones y encierros de una ciudad que, aun sin nombre aquÃ, dormÃa sobre su propio misterio como la tarántula en el hueco de un muro preñado de...
El hedor del sótano lleva meses royendo los cimientos de mi apartamento en Marrow Street. Me es imposible ignorarlo, pese a los desesperados intentos que hago cada noche por sellar las juntas con masilla, empaparlas en detergente o tapar el respira...
*** Mi historia no empieza en la penumbra de una celda, ni en el rugido lejano del mar, aunque termina allÃ. Comienza al calor de una lámpara de mesa, cuando me llegaron los documentos de la herencia de mi tÃo abuelo, el lúgubre y olvidado pr...
Soy escritor. ¿Resultado de la voluntad o vÃctima de una obsesión? No sabrÃa decirlo en la recámara viscosamente oscura de esta noche, mientras repito mi rutina manÃaca de registrar cada sintomatologÃa de la mente humana. El acto de volcar pa...
La noche se habÃa estancado de forma anormal sobre la ciénaga, como una capa de alquitrán que la brisa no podÃa disolver. Sobre los charcos tibios se arrastraban reflejos de constelaciones moribundas, tan deshilachados como las esperanzas de qui...
El laboratorio se alzaba sobre la colina como una burla de metal y vidrio al paisaje fatigado del suburbio. Era un complejo de arquitectura áspera y opresiva, de donde a veces manaba un chorro de humo pálido o el bramido monstruoso de una máquina...
***** Segunda planta, pasillo central. Cuatro y veintisiete de la madrugada según el reloj digital encima de la estación de enfermerÃa. Las luces frÃas, tenues por economÃa, fracturaban el silencio. Solo la respiración irregular de los monito...
Aquella tarde de octubre, cuando el sol era apenas una mancha rosácea tras nubes desgarradas, Jerónimo Basaldúa llegó a Mourncliffe. HabÃa recorrido cientos de millas con la esperanza de encontrar en aquel pueblo costero remoto la soledad neces...
La lluvia caÃa callada, como quien se desliza entre las páginas de un grimorio olvidado, rozando los cristales polvorientos del sanatorio de Adramis con un compás sin vida. Los cipreses del jardÃn, oscuros y vetustos, se agolpaban en la penumbra...
Aquella noche caÃa como un telón pesado sobre el centro de la ciudad. Los escaparates lucÃan temblorosos tras las vidrieras empañadas, y la lluvia le conferÃa al asfalto un brillo borroso, casi irreal. Era vÃspera de la gran Fiesta de la Luz, ...
El polvo que se alza al paso de los forasteros en pueblos anónimos tiene un olor peculiar; no a tierra, ni a muerte, sino a un suspenso impropio, como el eco de un llanto muy antiguo. Nada parecÃa distinguir a Bellacre de los demás parajes olvida...
Algunos proclaman que la ciencia ilumina las tinieblas. Pero basta adentrarse en el resplandor mortecino de sus laboratorios para advertir que la verdadera tiniebla carece de miedo al brillo del conocimiento, pues es del mismo resplandor de donde ma...
Descendà a la ciudad de las almas dormidas al mediodÃa, cuando el sol parece empujar todo a retirarse hacia sus propias cavernas. Era jueves, y aún no sabÃa – en esos tramos de luz y pesadez – que la lÃnea entre la misericordia y la condena Leer más...
Descendà a la ciudad de las almas dormidas al mediodÃa, cuando el sol parece empujar todo a retirarse hacia sus propias cavernas. Era jueves, y aún no sabÃa – en esos tramos de luz y pesadez – que la lÃnea entre la misericordia y la condena Leer más...
El reloj marcaba las 2:32 cuando Haruki descendió las últimas escaleras del metro, dejando atrás el zumbido escaso de la ciudad en una noche asfixiada de junio. La humedad era como un manto maligno, pegajoso. Solo un guardia de seguridad dormÃa e Leer más...
«Las anomalÃas cientÃficas aparecen cuando su búsqueda deja de ser por meros datos y se transforma en un anhelo, un deseo compulsivo de comprensión», solÃa decir el doctor Kenji Shimizu a quien quisiera oÃrlo. Sus colegas del Instituto Nacion Leer más...
HabÃa algo indescriptible en ese descenso al submundo. Cada noche, al abandonar la rutina despiadada de su oficina, Hajime doblaba la última esquina y emprendÃa el corto trayecto hacia la boca del metro Shin-Yoyogi, aunque en su mente ese trayecto Leer más...
El frÃo madrugador de la ciudad hacÃa vibrar el volante bajo las manos de Tomás. Llevaba casi siete horas al volante, pero su vieja Corolla, encaramada al borde de la obsolescencia y los nuevos estándares de radiotaxis, lo necesitaba tanto como à Leer más...
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