PermÃtanme advertirles: la noche siempre ha sido el dominio de lo invisible y lo impensado, y es únicamente el atrevimiento de unos pocos desafortunados lo que ha conducido a nombres puestos a horrores demasiado vastos para la breve mente humana. ...
El laboratorio estaba diseñado para autorrefrigerarse en caso de un fallo catastrófico. Era uno de esos lugares en que el aire parecÃa no pertenecer a ningún pulmón, donde la inquietud se pegaba a los poros más allá de la bata blanca o la pue...
El rebaño de las sombras ululantes La primera noche, ElÃas soñó con el monolito. Lo vio surgir del barro negro más allá de la casa, entre la niebla de la ciénaga, altivo, esbelto, cubierto de grietas donde la sombra se agazapaba y respiraba....
El sendero de los insomnes puede hallarse en cualquier ciudad, pero solo en algunas entre las más antiguas, entre los ladrillos cubiertos de musgo y las puertas cerradas de los talleres, reposa la semilla de algo que deberÃa haber sido olvidado y ...
Mi abuelo murió tres veces. La primera, cuando el fémur escupió astillas al caer de la escalera que lleva al desván. La segunda, cuando los tubos le robaron el aliento en la UCI. Y la última, mucho después de que lo enterráramos bajo la enci...
— El manual llegó una mañana, envuelto en papel encerado, dirigido solo por un nombre que ya no reconocÃa como mÃo aunque figuraba en el buzón: Kazuki Matsumae. Ningún remitente, ningún estampado, solo las letras a bolÃgrafo azul, temblo...
La primera vez que abrà mis ojos en ese lugar, no sentà miedo. HabÃa algo reconfortante en la penumbra dorada que me envolvÃa, tibia, hinchada como una placenta traslúcida. El olor era familiar, mezcla de humedad, leche rancia y tierra. No sabÃ...
Me llamo Reina Mizuno y soy la responsable esta noche del centro de atención a emergencias en el área 1 de Suginami, Tokio. La lluvia golpea contra los ventanales de la sala como si quisiera advertirme de algo, y los manchones resplandecientes de ...
Mi hermana y yo fuimos las últimas en salir del hospital psiquiátrico que fue, hasta esa noche, el único mundo que conocimos. No tenÃamos nombre, aunque nos llamaban Asa y Yu, con esa lengua suave de los habitantes del viejo distrito de I—el b...
Aquella noche, la niebla se enroscaba en el asfalto como un animal dormido. Mientras el Honda Fit avanzaba por la carretera secundaria, el rugido del motor apenas era suficiente para romper el tapiz de silencio que parecÃa envolverlo todo a cuarent...
Halloween nunca habÃa sido una fiesta relevante en Dunbridge, Massachusetts. En la ciudad vieja, de piedras musgosas, árboles retorcidos y un silencio tan denso como la neblina del puerto cercano, lo más aterrador en la fecha era el vaho que salÃ...
La primera noche en que fui a dormir a mi nueva casa, tuve un sueño tan nÃtido que me desperté cubierto de sudor, agitado, sin distinguir aún la frontera entre la vigilia y la ola oscura que habÃa lamido mi mente. La casa antigua me recibió co...
La primera vez que Martha Linde escuchó aquel sonido, apenas si lo distinguió de los ruidos nocturnos de la granja. Era octubre, y la temperatura descendÃa de golpe en cuanto el Sol se enterraba tras la lÃnea de espacios infinitos que rodeaba su...
Cuando acepté el puesto como investigador principal en el Laboratorio Kronos, pensé que habÃa tocado el techo de mi carrera. Veinte años modelando algoritmos genéticos, escribiendo sobre inteligencia emergente, entrevistado por revistas exquisi...
Cuando en su juventud visitaba la casa de su tÃa en las afueras de Rouen, Jean-Marie habÃa aprendido a temer a los viejos. No a aquellos que veÃa en los bancos del parque o en las colinas, sino a uno especÃfico, al que sólo los niños veÃan ar...
Se llamaba David, y hasta hace pocos meses era alguien ordinario; 42 años, algo de barba, ningún matrimonio y un trabajo anónimo de archivista en el Ayuntamiento de una ciudad portuaria. TenÃa insomnio crónico desde hacÃa años, y la vida pare...
En el profundo y antiestético corazón de la ciudad de Londres, donde los arcos del tiempo crujen bajo el peso de una historia innombrable, existÃa un museo cuyo propietario, el señor Snaith, era célebre por su gusto por lo macabro y su carencia...
Cuando Beatriz Ferrer recibió el mensaje directo, al principio pensó que era una broma, quizás un intento torpe de promoción. Pero la cuenta no tenÃa foto ni publicaciones, sólo un nombre inquietante: Nyarlathotep_Lucidez, y una frase en la bi...
Yo, Nathaniel Crowthorne, escribo estas palabras no para que sean leÃdas, sino para que sean encontradas después de mi desaparición inevitable. Hay, en la soledad de quien observa más allá del velo, una desesperanza que corrompe incluso la memo...
El frÃo de la noche lo mordÃa aunque era verano. Nadie, ni siquiera los viejos que en otro tiempo faenaron junto a las piedras negras del puerto, se atrevÃa a caminar tan tarde por la costa de Dunwarren. Eran poco más de las dos de la madrugada ...
Descendà a la ciudad de las almas dormidas al mediodÃa, cuando el sol parece empujar todo a retirarse hacia sus propias cavernas. Era jueves, y aún no sabÃa – en esos tramos de luz y pesadez – que la lÃnea entre la misericordia y la condena Leer más...
Descendà a la ciudad de las almas dormidas al mediodÃa, cuando el sol parece empujar todo a retirarse hacia sus propias cavernas. Era jueves, y aún no sabÃa – en esos tramos de luz y pesadez – que la lÃnea entre la misericordia y la condena Leer más...
El reloj marcaba las 2:32 cuando Haruki descendió las últimas escaleras del metro, dejando atrás el zumbido escaso de la ciudad en una noche asfixiada de junio. La humedad era como un manto maligno, pegajoso. Solo un guardia de seguridad dormÃa e Leer más...
«Las anomalÃas cientÃficas aparecen cuando su búsqueda deja de ser por meros datos y se transforma en un anhelo, un deseo compulsivo de comprensión», solÃa decir el doctor Kenji Shimizu a quien quisiera oÃrlo. Sus colegas del Instituto Nacion Leer más...
HabÃa algo indescriptible en ese descenso al submundo. Cada noche, al abandonar la rutina despiadada de su oficina, Hajime doblaba la última esquina y emprendÃa el corto trayecto hacia la boca del metro Shin-Yoyogi, aunque en su mente ese trayecto Leer más...
El frÃo madrugador de la ciudad hacÃa vibrar el volante bajo las manos de Tomás. Llevaba casi siete horas al volante, pero su vieja Corolla, encaramada al borde de la obsolescencia y los nuevos estándares de radiotaxis, lo necesitaba tanto como à Leer más...
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