La radio apenas tenía cobertura. Un murmullo intermitente ondeaba entre frecuencias muertas, y a pesar de todo, Víctor no se atrevía a apagarla del todo. Era una compañía dudosa, pero en la vacía autovía las voces distorsionadas parecían pro...
Las calles estaban quietas aquella noche, tan quietas que Thomas sintió en la oscuridad un aire espeso, casi palpable, como si la realidad estuviera cubierta por una venda invisible. Cerró la puerta de su apartamento, el sonido del pestillo le dev...
--- Cuando comencé a vivir sola en el apartamento 3B, no me preocupaban las noches. Tan solo era otra habitación ajustada en el intrincado edificio municipal, con paredes de madera fina y ventanas que chirriaban incluso cuando no soplaba el vient...
Por alguna razón, ya no podía recordar la última vez que había comprado pan. No era porque lo hubiera dejado, ni porque su marido hubiera cambiado súbitamente de dieta sin consultarla. Pero el recuerdo, puntualmente, se escurría cada vez que l...
— Cuando Amalia descubrió el sobre amarillo, fue tan solo un domingo de octubre. Niebla apenas espesa envolvía las esquinas y era ese momento donde la ciudad se sumerge en la calma rígida de la tarde: los televisores susurrando partidos, el ...
— Me llamo Eric Herzfeld y no tengo por costumbre escribir relatos; sin embargo, a estas alturas, admito que no me quedan mejores métodos para apoyar mi propia salud mental. La psique de un hombre es fácilmente trastornada, y late en mí la sos...
El espejo era oval, con marco de madera endurecida por el tiempo y el polvo. Desde el principio me sentí observada por él o, peor aún, a través de él. Era un objeto de la familia de Sebastian, mi marido, y cuando por fin nos mudamos juntos al p...
Había oscurecido hace horas, aunque Clara sólo lo notó cuando se levantó del sofá y tropezó con su propia imagen, reflejada apenas en el ventanal del salón. Apenas atisbaba su silueta: una mancha pálida, ojerosa. Su apartamento tenía ese do...
Bajo la piel de las cosas El padre de la esquina Tenía apenas veintisiete años cuando me mudé al departamento de la calle Nogales. Había dejado atrás uno de esos romances enfermos, de los que una se cura con tiempo y con espacio propio. Mi nu...
Aquel Walmart era exactamente el mismo que todos. Mientras las puertas automáticas se abrían a cada cliente, su aliento era succionado por el zumbido de los compresores en su techo y exhalado por los conductos de ventilación en los baños de empl...
Observo a los hombres con abrigos grises cuando cruzan la avenida. Su caminar es sostenido por la infalible convicción de quienes creen en algo: un propósito, una idea, un poder que los aquilata en masa y los escoge de entre la muchedumbre anodina...
La carta llegó doblada en cuatro, el papel demasiado blanco. Alguien la deslizó por debajo de la puerta de mi apartamento poco antes del amanecer—lo supe por la cámara que instalé en el pasillo hace meses, obsesivo con la vigilancia, el contro...
Nada hay tan horroroso como disfrutar de la cordura, respirar su aroma a costumbre mansa, caminar de su mano por los senderos de la vida y, de pronto, cómo un relámpago funesto, sentir su ausencia. Entonces, cuando uno se ve arrojado al abismo sie...
Confieso, caballero, que las líneas que trazo a la luz de este pobre candil no están exentas de la temblorosa inseguridad de quien no sabe ya a cuál de sus recuerdos poner fe. Desde hace mucho tiempo, he sentido desmoronarse los cimientos de mi p...
Tuvo que suceder una medianoche, porque nunca ocurre nada bueno cuando los relojes atraviesan la frontera entre el día y la nada. Esa noche, Camila regresó más tarde de lo que habría querido, pisando la acera agrietada de la Calle de la Sombra. ...
La primera vez que desperté dentro de un mismo día dos veces, fue en medio de la quietud punzante de mi dormitorio, con el sabor metálico de la sangre en la boca y mi reflejo parpadeando como una sombra detrás de mis párpados pesados. El reloj ...
Ciertamente, noble lector, he escrito mucho sobre las cosas extrañas que rodean nuestra existencia, pero ninguna confidencia anterior puede compararse a esta siguiente, que remueve en mi ánimo la ceniza de terrores antiguos y saca a la luz ascuas ...
Cuando me encontré con Rhys por primera vez, encendí un cigarrillo en el vestíbulo del hospital, sabiendo perfectamente que estaba en una zona de no fumadores. Sus manos, tan pequeñas para un hombre de su estatura, temblaban levemente mientras j...
Hay en cada barrio una casa ignorada, de ésas que no lucen grietas notables ni muestran ventanas ciegas de polvo, pero cuyo abandono resulta palpable en el aire; una mansión en miniatura demasiado sobria, un tanto desproporcionada a su modesta fin...
Las paredes en la oficina eran demasiado grises, no por su color —el clásico “blanco huevo” mantenido contra todo pronóstico—, sino porque el invierno caía con fuerza detrás de sus ventanas, haciendo que hasta las fluorescentes chorreara...
El parabrisas era solo una silueta más contra la negrura informe de la noche de medianos de marzo. Rodolfo había salido del tercer turno de la fábrica y llevaba casi cincuenta kilómetros de carretera secundaria. El sueño mordía, pero algo lo de Leer más...
El viento de las once de la noche susurraba contra las persianas del apartamento, y el zumbido de la nevera era el único sonido acompasado que Akira sentía en el pequeño comedor, fuera del tictac insistente del reloj en la pared. Había llegado de Leer más...
La humedad de la medianoche se cuela por los resquicios de los cartones amontonados debajo del puente. Afuera, la lluvia se abalanza sobre el mundo como si quisiese arrastrarlo todo al río, como si buscase purgar la ciudad de sus desechos humanos. Y Leer más...
Atravesar aquel umbral nunca me costó. La rutina es enemiga del miedo, creía, y después de tantos días regresando tarde a casa, los pasillos del edificio viejo en que vivía ya no tenían secretos para mí. La gotera permanente en la escalera del Leer más...
El parabrisas era solo una silueta más contra la negrura informe de la noche de medianos de marzo. Rodolfo había salido del tercer turno de la fábrica y llevaba casi cincuenta kilómetros de carretera secundaria. El sueño mordía, pero algo lo de Leer más...
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