La primera vez que desperté dentro de un mismo día dos veces, fue en medio de la quietud punzante de mi dormitorio, con el sabor metálico de la sangre en la boca y mi reflejo parpadeando como una sombra detrás de mis párpados pesados. El reloj ...
Ciertamente, noble lector, he escrito mucho sobre las cosas extrañas que rodean nuestra existencia, pero ninguna confidencia anterior puede compararse a esta siguiente, que remueve en mi ánimo la ceniza de terrores antiguos y saca a la luz ascuas ...
Cuando me encontré con Rhys por primera vez, encendí un cigarrillo en el vestíbulo del hospital, sabiendo perfectamente que estaba en una zona de no fumadores. Sus manos, tan pequeñas para un hombre de su estatura, temblaban levemente mientras j...
Hay en cada barrio una casa ignorada, de ésas que no lucen grietas notables ni muestran ventanas ciegas de polvo, pero cuyo abandono resulta palpable en el aire; una mansión en miniatura demasiado sobria, un tanto desproporcionada a su modesta fin...
Las paredes en la oficina eran demasiado grises, no por su color —el clásico “blanco huevo” mantenido contra todo pronóstico—, sino porque el invierno caía con fuerza detrás de sus ventanas, haciendo que hasta las fluorescentes chorreara...
No sabría decir el instante preciso en que supe que algo había cambiado en la oficina, porque no fue un acontecimiento, ni una visión estridente de locura: fue una sensación que se deslizó en mi mente como el humo bajo la puerta, persistente y ...
Cuando me llamaron de la residencia, la voz al otro lado del teléfono tenía la aspereza de una tormenta contenida. “Señorita Méndez, tenemos… un problema con su abuelo”. El viejo Andrés Méndez llevaba casi veinte años alojado en la desv...
No recuerdo el momento exacto en que el aullido empezó a visitarme cada noche. Hay quienes dicen que la locura es una lenta destilación, un veneno que se filtra gota a gota en la sangre hasta que la mente se resquebraja. Otros aseguran que llega d...
Tenía la costumbre de regresar a casa tarde, cuando la ciudad se desangraba en los charcos de las farolas y el asfalto exhalaba una niebla insana. Mi apartamento era una trinchera sórdida en un edificio vetusto de la calle Lámpara, un nombre iró...
Había una grieta, delgada como la huella de una aguja, apenas visible en la pared del pasillo. Ingrid la había notado la primera semana en la casa, mientras colgaba un cuadro para disfrazar el horrible empapelado. No le dio importancia: la casa er...
La tarde caía abruptamente en la ciudad, como una sábana raída sobre una cama desvencijada. Los edificios mordían la luz con sus recortes de hormigón mientras el aire se llenaba de esa electricidad densa que alarga las sombras y sugiere que todo...
La lámpara encendida
En la anchurosa soledad de la calle Cavendish, uno de aquellos barrios antiguos de Londres donde el ladrillo parece perpetuamente empapado en lluvia, vivía y moría en igual proporción el silencio. Y sin embargo, en el núme...
En las habitaciones de John Harrington
El retrato discontinuo
Pese a los múltiples oficios con que se ganaba la vida en Londres, y los diferentes nombres con los que firmaba, era de noche, frente al espejo agrietado de su dormitorio en Bloomsbur...
El hogar era robusto, de paredes de carga gruesa como las vértebras de un animal que no recordaba la calma. Alicia había comprado aquella casa a precio bajo, aun en el barrio donde el aire tenía el olor de la vegetación antigua y rara vez pasaba...
Me he preguntado muchas veces, tal vez con un atisbo autodesprecio, si este lugar que habito —tan esencialmente convencional— ha sido, toda mi vida, una trampa; o mejor, una celda disfrazada de vivienda. Un nombre ridículo en el buzón pintado ...
Si deseas saber cómo empieza a pudrirse una vida, sólo tienes que detenerte en una escena insignificante: una ventana abierta a la noche, el brillo de las farolas recortando las figuras deformes de los árboles, y un hombre al otro lado del cristal Leer más...
Jamás le contó a nadie lo del papel tapiz. Ni siquiera a Andrea, que había soportado ya casi siete años de manías, obsesiones y crisis, y con la que había alcanzado esa extraña connivencia que sólo logran los matrimonios exhaustos, amiga y ri Leer más...
Había algo en el departamento 7-B que no le permitía dormir, o quizás era algo en su propia cabeza, un eco persistente, una voz detrás de otra voz, una palabra tatuada en el ojo de su mente que se negaba a ser leída del todo. Diana se quedaba de Leer más...
La tarde en que Edward Milstram se sentó de nuevo junto a la ventana, la lluvia era como una multitud invisible de dedos golpeando la fachada. Había aprendido hace mucho a no mirar demasiado tiempo a través de los cristales de esa maldita casa. Y Leer más...
Si deseas saber cómo empieza a pudrirse una vida, sólo tienes que detenerte en una escena insignificante: una ventana abierta a la noche, el brillo de las farolas recortando las figuras deformes de los árboles, y un hombre al otro lado del cristal Leer más...