El local había cerrado hacía más de tres horas cuando Alfredo terminó el segundo revelado. Había prometido a sí mismo que sería el último encargo comercial que aceptaría este mes y, por ello, maldijo en voz baja mientras las imágenes emergÃ...
Descendí a la ciudad de las almas dormidas al mediodía, cuando el sol parece empujar todo a retirarse hacia sus propias cavernas. Era jueves, y aún no sabía – en esos tramos de luz y pesadez – que la línea entre la misericordia y la condena...
Las primeras brisas de noviembre solían traer consigo un frío avieso, un cuchillo sutil que desgarraba el resguardo de las casas del pequeño pueblo de Belmonte. Las gentes se recogían temprano, los faroles temblaban en la niebla húmeda, y la no...
I
No hay secreto tan celosamente guardado como aquel que se oculta bajo el disfraz de la incredulidad. Así reflexionaba, bajo la escasa luz de una lámpara de queroseno, sentado entre viejas bibliotecas y no menos vetustas manías, el Dr. Jonathan...
El sendero de los insomnes puede hallarse en cualquier ciudad, pero solo en algunas entre las más antiguas, entre los ladrillos cubiertos de musgo y las puertas cerradas de los talleres, reposa la semilla de algo que debería haber sido olvidado y ...
Aquella noche, la niebla se enroscaba en el asfalto como un animal dormido. Mientras el Honda Fit avanzaba por la carretera secundaria, el rugido del motor apenas era suficiente para romper el tapiz de silencio que parecía envolverlo todo a cuarent...
Se llamaba David, y hasta hace pocos meses era alguien ordinario; 42 años, algo de barba, ningún matrimonio y un trabajo anónimo de archivista en el Ayuntamiento de una ciudad portuaria. Tenía insomnio crónico desde hacía años, y la vida pare...
Una vez, en la ya vergonzosamente lejana juventud de mi experiencia, me descubrí confinado en los callejones y encierros de una ciudad que, aun sin nombre aquí, dormía sobre su propio misterio como la tarántula en el hueco de un muro preñado de...
El hedor del sótano lleva meses royendo los cimientos de mi apartamento en Marrow Street. Me es imposible ignorarlo, pese a los desesperados intentos que hago cada noche por sellar las juntas con masilla, empaparlas en detergente o tapar el respira...
Aquella tarde de octubre, cuando el sol era apenas una mancha rosácea tras nubes desgarradas, Jerónimo Basaldúa llegó a Mourncliffe. Había recorrido cientos de millas con la esperanza de encontrar en aquel pueblo costero remoto la soledad neces...
Hasta el último momento, Carson había deseado creer que los peores rumores acerca del Club Liminal eran puro invento. Eso le hubiera bastado para seguir buscando emoción en los sótanos que vibraban a medianoche, pero la invitación sellada lo ha...
Había lluvias de verano que eran suaves, arrulladoras, como un manta húmeda que te cubre mientras duermes. Pero la lluvia que aquella tarde cubría el lago Helmsley era una criatura distinta: fría, densa, una caída de agua salada, infatigable, qu Leer más...
Hubo un tiempo en que, al pasar junto al camposanto de Vilenca, los pájaros abandonaban el aire en bandadas, y hasta el más fornido de los leñadores apretaba el paso y los dientes, murmurando oraciones aprendidas de niños. El cementerio era mitad Leer más...
Te contaré un secreto imposible de olvidar, uno que no confesaría ni al cura más empático, ni al amante más fiel. No te lo digo en busca de redención, ni porque haya esperanza de no estar condenado: te lo cuento porque, literalmente, no hay nad Leer más...
Catherine Bishop despertó antes que el reloj repicara en el velador. Su marido dormía junto a ella, con la boca entreabierta y su respiración yendo y viniendo como un animal antiguo. La luz matinal aún no había pinchado la cortina, pero el cuart Leer más...
Había lluvias de verano que eran suaves, arrulladoras, como un manta húmeda que te cubre mientras duermes. Pero la lluvia que aquella tarde cubría el lago Helmsley era una criatura distinta: fría, densa, una caída de agua salada, infatigable, qu Leer más...