Capítulo 1: El eco de los bloques El edificio se alzaba como un animal herido entre los escombros de un barrio demasiado antiguo para el recuerdo y demasiado joven para la historia. Sus ladrillos, hinchados de humedad, parecían palpitantes bajo la...
Siempre supo que la oscuridad tenía pasadizos secretos. Desde su niñez, cuando las sombras de los armarios parecían distorsionarse y deslizarse por el papel pintado de su cuarto, Nathaniel sentía una conexión casi sagrada con lo que otros llama...
El zumbido sordo, constante, parecía provenir de las propias paredes. Cuando Miranda recuperó la conciencia, ese fue el primer sonido que distinguió: la vibración de los tubos, el eco de sus latidos, y el lamento ahogado de su propia respiració...
La tarde moría lentamente sobre la vieja casa de los Barker, empapando de fuego el cristal roto de las ventanas. Dentro, la familia reunida en la cocina, rodeada por los azulejos rajados y el aroma a salsa quemada, fingía no escuchar los cuchicheo...
Había leído una estadística, una vez, acerca de la cantidad de cuerpos que cruzaban cada día las puertas giratorias del supermercado. No podía recordarla ya, ni si provenía de una noticia o de un sueño, pero le parecía sobrenatural, la cifra...
Cuando aún dormía sobre un futón raído en el apartamento diminuto que me ofreció el gobierno, no entendía el sentimiento pegajoso que se escurre entre la dimensión de la vigilia y la del sueño. Cada noche, antes de hundirme en la semi-oscuri...
El olor a desinfectante era lo único que mantenía a Alejandra alerta. Siempre había sido meticulosa, pero después de la última noche, esa misma manía de limpiar obsesivamente amenazaba con llevarla al borde de un colapso. Acomodó la cubeta en...
En la penumbra tibia de una habitación desconocida, la mente tiende trampas. Así lo pensaba Simon cada vez que el gélido golpe de la realidad barría los últimos jirones del sueño; cada despertar era una sorpresa y una confirmación de que segu...
Nunca olvidé el olor. Pese a los años, a los detergentes nuevos y los muebles cambiados, la casa de mi infancia tiene todavía en mi memoria el mismo hedor denso, a encierro, a manteca rancia y madera húmeda. Al principio, uno no lo nota: crece c...
La primera vez que alguien la arrastró por el pasillo fue un miércoles. Recordaba bien los detalles: la luz amarillenta casi sin fuerza, las losetas negruzcas bajo los pies desnudos, la humedad del mosaico pegándose en la piel. La sujetaban de un...
El tren de las 22:47 descendió al andén con una bocanada de vapor y un chirrido que parecía una queja. Eso era la vida en la ciudad: todo se queja, la atmósfera, las paredes, hasta la gente. Marcos, con la jaula del gato en una mano y la mochila...
Era la perseverancia lo que distinguía a Ottmar Voigt de los mortales usuales. Perseverancia y una oscuridad tan pura, tan burbujeante, que casi podía embriagar. En el sótano de su viejo caserón, los cimientos temblaban ligeros bajo el peso de l...
Se llamaba Rowan Milton y aquello era, sin duda, un error. Desde el momento en que despertó, supo que su ausencia de memoria no respondía a una noche de excesos sino a un destino mucho más siniestro. No recordaba cómo había terminado allí, sin...
La casa era más grande en la memoria de Victoria. La recordaba de niña: los techos inconmensurables, las sombras que reptaban bajo las puertas, los olores adustos de madera antigua y polvo; una guarida que, por más suyo que fuera aquel rincón, s...
El hombre vestido de rojo avergonzaba al crepúsculo cuando caminaba. El rojo era su obsesión y su signo: guantes de cuero, botas brillantes, chaqueta pesada, pantalones pitillo que destellaban como una herida. El casero del hostal pensó, a primer...
Estaba seguro de que nadie lo seguía. Así lo sentía, aunque la conciencia sea una sombra larga que siempre nos besa los talones, y el recuerdo, esa otra condena, nos sobreviva mucho después de que creamos haber escapado. Aquella mansión ruinosa...
— La primera vez que arrastraron a alguien a mi sótano, yo tenía el corazón todavía intacto. Lo recuerdo porque aún me dolía pulsar en el pecho, aún sentía lo que los demás sentían en ese frío lugar al que nadie enmienda jamás: ni la...
No podría decir exactamente cuándo comenzó el terror en mi casa, pero puedo asegurar que no fue con relámpagos ni con gritos intempestivos, sino con el sonido más amable del mundo: el arrullo de una madre a su hijo antes de dormir. Si es que es...
Cuando Marta llegó a la antigua casa de sus padres, no lo hizo por nostalgia ni por deber. A decir verdad, no tenía claro por qué aceptó aquella petición. Su madre le había telefoneado semanas atrás, susurrando el pedido como si temiera que l...
I No hace frío en el pasillo pero las luces de neón escupen claridades escasas, inciertas, que tiñen los rostros de la fila de una palidez mórbida, un temblor ululante casi indistinguible de la agonía. Es lunes, o al menos eso sugiere el encor...
A cada rincón de la ciudad, la penumbra le cuelga un disfraz específico. No es la oscuridad simple: es esa sombra espesa, con la cola infecta de mugre, que solo el centro sabe extender porque aquí el día y la noche parecen un solo y largo pasillo Leer más...
— Después de medianoche la lluvia cesaba, resintiendo las farolas incrustadas como dientes rotos en la carne del suburbio, y sólo quedaba el agua filosa sobre las aceras, lista para devolver el rostro de quien se acercara demasiado a su reflejo Leer más...
A cada rincón de la ciudad, la penumbra le cuelga un disfraz específico. No es la oscuridad simple: es esa sombra espesa, con la cola infecta de mugre, que solo el centro sabe extender porque aquí el día y la noche parecen un solo y largo pasillo Leer más...
La cocina de mi madre era un santuario de luz marchita. Siempre recuerdo los atardeceres en los que el viento helado serpenteaba por la grieta debajo de la puerta, con ese peculiar silbido que me erizaba la piel, y mi madre de espaldas en la mesada, Leer más...
Parte I He conocido lugares en los que la oscuridad respira. Un suspiro continuo y ronco, como si algo monstruoso se acurrucara en las paredes, esperando el momento justo para abalanzarse. Cuando desperté, supe con certeza que me encontraba en uno Leer más...
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