El primer día que fui al comedor social, mentí dos veces. A la voluntaria le dije que había perdido mi trabajo hacía apenas un mes, que esto era una mala racha, que pronto saldría de aquí. Ya sé que no se lo creyó, cómo se lo iba a creer si...
--- El mejor terror no conoce otra morada más que la mente: la imaginación, envalentonada por el zumbido de lo desconocido y alimentada por el aullido de lo indescriptible. Sin embargo, hay noches en las que lo fantasmal y lo real se entrecruzan ...
Empezó con una nota en el refrigerador. Un post-it amarillo chillón, escrito con la caligrafía angulosa de Pilar, su esposa. "Saca la basura antes de irte, por favor. Xoxo". Samael lo miró mientras mascullaba por la prisa. Si ese pedazo de papel ...
No es mi intención juzgar, ni tampoco defender lo que voy a referir. Quizá nadie reclame esa gracia previa al horror: la justificación, el motivo, el contexto. A quien sólo ansía asomarse al abismo del mal le basta la relación desnuda y fiel, ...
--- Toda familia tiene un secreto. Si escarbas con la uña en la madera del cajón de los recuerdos, cae polvillo de secretos, a veces amargo, a veces dulzón: cartas escondidas, sonrisas congeladas en fotos sepias, palabras que nunca se pronuncian...
En el último piso del número 34, la familia Larraín había cultivado durante años una discreta simetría. El padre, Gregorio, salía cada amanecer y regresaba puntualmente tras anochecer. Su esposa, Teresa, mantenía la casa limpia y abrigada, m...
Eso fue lo último que le dijeron. “Sábanas sucias.” Un hombre gordo, con el cabello cortado al ras y una sonrisa de dientes torcidos, le escupió las dos palabras justo antes de que cruzara por la puerta de la Residencia. Detrás, las risas de...
Él preguntó: “¿Sabes cómo murieron todos aquí?” y, en la pantalla, el chat respondió con una hilera de emojis de calaveras. Jorge no era supersticioso. Programador y urbanista, acostumbrado a los sótanos iluminados por fluorescentes y a ...
Cuando Harriet abrió la puerta, el reloj de la entrada marcaba 23:41. Llevaba veinte minutos esperando en la penumbra de la sala, apoyada en la butaca del ventanal que daba a la calle, sin moverse apenas, atenta al menor sonido. Era jueves y el zum...
PARTE I: NOCHE DE GLORIA El resplandor azulado de las pantallas flotaba en la oscuridad del pequeño apartamento, convirtiendo cada objeto, cada sombra, en una extensión virtual de la propia mente trastornada de la joven. Su nombre —en el mund...
En la dispersa y marchita penumbra que imperaba en la casa de los Rencúver, la idea de celebrar el cumpleaños de la madre parecía tan absurda como prender una vela en el fondo de un pozo. La escena se desarrollaba en una casona de muros húmedos ...
No dejo nunca la persiana subida más de un palmo. Desde mi ventana, el mundo es una franja apretada entre las rendijas: la acera gris, el portal despintado, las piernas rápidas de los que bajan hacia el metro. No sabría decir en qué momento exac...
Era aquella una montaña insólita, aunque tan real como las cicatrices que grababa en el paso de los años sobre la pequeña villa a sus pies. Ronces, pedrizas y remiendos de nieve perpetua marcaban sus laderas altísimas, pero era la cima la que, ...
El cielo era de un gris extrañamente denso, pesado; algo que parecía más piedra que nube, como si el firmamento entero hubiera decidido aplastarse contra las calles de la ciudad. Dentro del apartamento 6C, un hombre de treinta y cuatro años, alt...
A cada rincón de la ciudad, la penumbra le cuelga un disfraz específico. No es la oscuridad simple: es esa sombra espesa, con la cola infecta de mugre, que solo el centro sabe extender porque aquí el día y la noche parecen un solo y largo pasillo Leer más...
— Después de medianoche la lluvia cesaba, resintiendo las farolas incrustadas como dientes rotos en la carne del suburbio, y sólo quedaba el agua filosa sobre las aceras, lista para devolver el rostro de quien se acercara demasiado a su reflejo Leer más...
A cada rincón de la ciudad, la penumbra le cuelga un disfraz específico. No es la oscuridad simple: es esa sombra espesa, con la cola infecta de mugre, que solo el centro sabe extender porque aquí el día y la noche parecen un solo y largo pasillo Leer más...
La cocina de mi madre era un santuario de luz marchita. Siempre recuerdo los atardeceres en los que el viento helado serpenteaba por la grieta debajo de la puerta, con ese peculiar silbido que me erizaba la piel, y mi madre de espaldas en la mesada, Leer más...
Parte I He conocido lugares en los que la oscuridad respira. Un suspiro continuo y ronco, como si algo monstruoso se acurrucara en las paredes, esperando el momento justo para abalanzarse. Cuando desperté, supe con certeza que me encontraba en uno Leer más...
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