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El viento soplaba con violencia aquella tarde en Nueva Inglaterra, golpeando las vidrieras de la parroquia de San Mateo; un edificio gótico que, a pesar del paso de los siglos, había resistido el vaivén de las modas y el deterioro propio d...
Permítaseme, antes de relatar lo siguiente, advertir al lector que toda mi experiencia aquí narrada es, hasta donde me es posible saberlo, rigurosamente verídica. No arrastro, como otros escritores de mi tiempo, la vana costumbre de ornar la verd...
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Después de la tormenta más larga del año, el lodo se volvió la nueva raíz de todo. Lo envolvía, lo tapaba, se metía por las ventanas rotas, naciendo, engordando sus límites oscuros en las vetas de la madera podrida y en las porciones ir...
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En el corazón de un bosque marchito, donde las ramas parecían agitarse aun sin viento, había una colina escarpada y una casa tan antigua que su madera crujía con el horror de las eras. Relámpagos le revolvían el tejado a menudo, como si e...
Me llamo Emilia, y la casa que heredé de mi tía abuela Gloria está en la calle Juan Escutia, en el barrio más viejo de la ciudad. Es una casa de piedra, techos de tejas rotas, húmeda y torcida como si, de tanto aguantarse los secretos, hubiese i...
En la esquina más oscura de la noche, donde los muebles de la mente forman pesadillas y la niebla se arrastra pegajosa por las grietas del alma, se encontraba James Wilkins, sentado en el silencio absoluto de la casa de su infancia. Hacía nueve me...
No sé si creer en las maldiciones. Pero tampoco sé cómo explicar lo que sucedió con la caja verde de terciopelo, la que heredé de mi tía abuela Martha a finales de aquel noviembre en el que el frío parecía haber puesto su firma en cada pared...
El viento rezaba letanías contra las ventanas antiguas de la casa de los Rochefort. Era una noche de mayo y sin embargo el frío que se colaba por las rendijas tenía la salmuera de los inviernos malditos. La matriarca, Cecile Rochefort, no dormía...
La niebla era tan densa que embotaba el reflejo de los faroles, tan blanca y líquida que uno podía imaginar monstruos, rostros y tentáculos flotando en cada esquina. En pleno agosto, el pueblo de Wraight’s Glen se retorcía bajo un calor imposi...
La casa de los Sothman era apenas visible entre las nieblas matutinas del lomerío, una estructura baja y hosca, cubierta de enredaderas retorcidas y líquenes mohosos. Aurora ya no sabría decir si el musgo que ascendía hasta devorar las ventanas ...
El automóvil chirrió al detenerse en la pendiente. Roy Maxwell apagó el motor y cerró los ojos un instante, dejando que la respiración se acomodara en el silencio apenas perturbado por el tictac de la máquina que se enfriaba. El suelo blanco e...
El temporal cubría Ashenden Street con un manto de oscuridad repentina, tan espesa que parecía además de envolver, asfixiar. Era octubre y el agua corría densa por las uniones de los adoquines. Un frío extraño mantenía las cortinas pegadas a ...
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Quién, si no es un infeliz derrotado por el tiempo, se atrevería a regresar después de la medianoche al convento de San Jerónimo, ese cuerpo de piedra negra plantado en la colina como una ruina voluntariamente olvidada por su creador. Pero ...
El tic-tac de los relojes era un sonido extinto. Solo el silencio vibraba bajo la cúpula marchita de nubes, allí, entre las ruinas de la ciudad, donde las avenidas parecían lenguas grises y los edificios se curvaban como dientes podridos. Todavía...
—¿Queridos radioescuchas, están listos para la noche más especial de sus vidas?—
La voz de Ayelén retumbó en el estudio con un tono festivo pero innecesariamente bajo, como si compartiera un secreto indecoroso a cada oyente, desde sus hab...
La primera vez que la vio, oculta bajo una funda de terciopelo burdeos en el fondo del desván de la anciana tía Maud, Sarah supo que era algo especial. No hermoso, ni valioso, ni siquiera particularmente antiguo: especial. Había llegado demasiado Leer más...
Hay una manera en que la muerte se arrastra, como musgo, por los limones podridos de la comarca. No es la peste. No es el hambre de costumbre. Algo en el aire cambia cuando la luna se pone a mirar, gorda, desbordada de un rojo impensable, y el viento Leer más...
A la cantera de los Lores nos llevaban los recuerdos para matarnos. O eso decía Ureña cuando el licor humeaba al fondo de las jarras y la garganta pedía otra ronda para quitarse la arenilla del olvido. Recuerdo aquella madrugada porque tenía las Leer más...
En el extremo norte de la antigua Castilla, donde las colinas heladas parecían silbar lamentos durante las noches largas de invierno, se erguía lo que quedaba del Monasterio de San Vegilio. No era más que un conjunto de ruinas atrapadas en el tiem Leer más...
La primera vez que la vio, oculta bajo una funda de terciopelo burdeos en el fondo del desván de la anciana tía Maud, Sarah supo que era algo especial. No hermoso, ni valioso, ni siquiera particularmente antiguo: especial. Había llegado demasiado Leer más...