El viento de las once de la noche susurraba contra las persianas del apartamento, y el zumbido de la nevera era el único sonido acompasado que Akira sentía en el pequeño comedor, fuera del tictac insistente del reloj en la pared. Había llegado de...
Siempre ha habido mucha luz en esta casa, incluso en días nublados como hoy. Miriam jamás lo hubiera admitido en voz alta, pero a veces detestaba cómo la claridad parecía exponer hasta el último rincón, cada pequeñas mota de polvo que huía b...
El Sr. Rutledge había alquilado esa casa desde hacía apenas tres meses cuando comenzó a notar el sonido. No era exactamente un goteo—lejos de esa familiaridad reconfortante de las cañerías—sino más bien una intrusión mohosa, como si algo ...
El verano llegó tardío aquel año, y con él, un calor pegajoso y sofocante, de esos que hacen que hasta la madera de los viejos porches parezca jadear. La granja de los Harman se extendía en medio de los campos de maíz quemados por el sol y pas...
Por alguna razón, ya no podía recordar la última vez que había comprado pan. No era porque lo hubiera dejado, ni porque su marido hubiera cambiado súbitamente de dieta sin consultarla. Pero el recuerdo, puntualmente, se escurría cada vez que l...
Bajo la piel de las cosas El padre de la esquina Tenía apenas veintisiete años cuando me mudé al departamento de la calle Nogales. Había dejado atrás uno de esos romances enfermos, de los que una se cura con tiempo y con espacio propio. Mi nu...
Hay en cada barrio una casa ignorada, de ésas que no lucen grietas notables ni muestran ventanas ciegas de polvo, pero cuyo abandono resulta palpable en el aire; una mansión en miniatura demasiado sobria, un tanto desproporcionada a su modesta fin...
Las paredes en la oficina eran demasiado grises, no por su color —el clásico “blanco huevo” mantenido contra todo pronóstico—, sino porque el invierno caía con fuerza detrás de sus ventanas, haciendo que hasta las fluorescentes chorreara...
Había una grieta, delgada como la huella de una aguja, apenas visible en la pared del pasillo. Ingrid la había notado la primera semana en la casa, mientras colgaba un cuadro para disfrazar el horrible empapelado. No le dio importancia: la casa er...
Me he preguntado muchas veces, tal vez con un atisbo autodesprecio, si este lugar que habito —tan esencialmente convencional— ha sido, toda mi vida, una trampa; o mejor, una celda disfrazada de vivienda. Un nombre ridículo en el buzón pintado ...
El parabrisas era solo una silueta más contra la negrura informe de la noche de medianos de marzo. Rodolfo había salido del tercer turno de la fábrica y llevaba casi cincuenta kilómetros de carretera secundaria. El sueño mordía, pero algo lo de Leer más...
La humedad de la medianoche se cuela por los resquicios de los cartones amontonados debajo del puente. Afuera, la lluvia se abalanza sobre el mundo como si quisiese arrastrarlo todo al río, como si buscase purgar la ciudad de sus desechos humanos. Y Leer más...
Atravesar aquel umbral nunca me costó. La rutina es enemiga del miedo, creía, y después de tantos días regresando tarde a casa, los pasillos del edificio viejo en que vivía ya no tenían secretos para mí. La gotera permanente en la escalera del Leer más...
El parabrisas era solo una silueta más contra la negrura informe de la noche de medianos de marzo. Rodolfo había salido del tercer turno de la fábrica y llevaba casi cincuenta kilómetros de carretera secundaria. El sueño mordía, pero algo lo de Leer más...
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